Con sus rostros agrietados, párpados caídos y labios ceñidos por las arrugas, así lucen los 15 adultos que viven en la casa de descanso, quienes llevan consigo el paso de los años y cada día dejan sus últimos recuerdos entre las paredes de su hogar.
Lamentablemente, los viejos no sólo sufren el abandono de sus familiares, sino también de las autoridades y de la misma sociedad, ya que son pocas las personas que se atreven a visitarlos y ofrecerles un poco de su amor.
Aunado a estas circunstancias, el asilo sufre de escasez de recursos, donde diariamente las dificultades económicas se incrementan más al sólo ser sostenido por 3 personas y uno que otro voluntario que no deja de brindar su apoyo.
La directora Dora Alicia Vielma Contreras confirmó que las condiciones en que viven realmente son complicadas, no obstante han logrado salir adelante aunque cada vez es más difícil mantener a las 9 mujeres y 6 hombres.
Sin embargo, dijo que confían en que la población comprenda la situación y brinden donativos, ya sea económicos o en especie, toda vez que cualquier apoyo que se entregue es de suma importancia para todos los abuelos.
Los ancianos son caracterizados por padecer enfermedades como demencia senil, retraso mental, retraso sicomotor, así como por las herramientas que utilizan para facilitarse la vida diaria con muletas, sillas de ruedas o bastones, donde la falta de fuerza física para valerse por sí mismos, la pérdida de autoestima y depresión también son factores que enmarcan la vida de las víctimas 2de discriminación.
Sentados en la sala, platicando, viendo televisión y probando alimentos, es como viven los señores sus últimos días, donde con su lento caminar sólo esperan el final del tiempo, creyendo que algún día serán visitados por las personas a las que en su época reproductiva entregaron su cuerpo y alma para que no les faltara nada.
En los vagos recuerdos que aún tiene, doña Alejandra Díaz Díaz dijo que de joven trabajaba en el restaurante “El Comodín”, quien a pesar de tener 2 hijos nunca es visitada por ellos por razones que desconoce, ya que ni siquiera conoce el destino que hayan tomado, pues nunca recibe visitas o información sobre su paradero.
Sin recordar de qué comunidad, aseguró haber sido ejidataria y mantener la esperanza de que algún día será visitada por sus familiares para regresarla a casa y vivir como cuando sus hijos eran niños, todos unidos y en familia.
Con su cuerpo cansado y su cabeza encorvada, recordó que habita el Asilo de Ancianos desde hace 4 años, donde al lado de los demás abuelos ha recibido un poco del cariño que en su casa no tenía porque vivía en completa soledad.
De la misma manera, el matrimonio formado por Olga Contreras Castillo y Esaú Medrano Jiménez, relataron que nunca tuvieron hijos, pero las complicadas condiciones que vivían al carecer de recursos económicos fue la motivación para ingresar al hogar de los abuelos, donde presentan un mejor estado de vida.
“Esta casa es como si fuera nuestra, pues aquí vivimos pero en compañía de mucha gente igual a nosotros, mi esposo y yo vivimos una vida casi normal, no dormimos juntos, pero sólo yo lo atiendo, le cambio de pañales, lo baño, lo visto y lo alimento, ya que él tiene epilepsias y necesita mi ayuda”, comentó doña Olga.
Así como los adultos que aceptaron ser entrevistados, cada uno vive historias diferentes, pero al final todos comparten el olor a tristeza y soledad que es reflejada es sus vidriosos ojos por vivir alejados de su familia.
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