Acuña, Coah.- ¡Noooooo!, fue el grito desgarrador de una jovencita de 13 años, que se abría a la sexualidad de un modo brutal, muy lejos del amor, la paciencia y el cariño de “su primera vez”; un infierno que debió ser paraíso, algo inimaginable.

El “no” quedó hundido en el silencio de una mano que tapó su boca, mientras que otra le abría las piernas, entre el acosante peso de un cuerpo malsano, que arrancó la virginidad de tajo, en una noche de verano.

Era un “pretendiente” a quien ella se había rehusado una y otra vez a ser “su novia”, dada la diferencia de edades, quien sabiendo el movimiento de la casa de María N., se abrió paso por una ventana e irrumpió en la cama de la casi niña.

Algo ardiente entró en su cuerpo y el dolor sordo que entró por su vagina rebotó en su cerebro, mientras las lágrimas mojaban su cara y la de su agresor. ¡Violación!, el estigma quedó marcado en su cuerpo, en su autoestima, en su cerebro por muchos años.

Luego de consumada la villanía, el violador salió por donde entró, no sin antes amenazar a la niña de matar a sus padres si decía algo.

El dolor quedó en la niña y le impidió dormir, mientras el llanto ahogado en su almohada no dejaba de fluir, mientras que la noche se hacía día. Los fantasmas huían ante la majestuosidad de la mañana.

Imposible de ocultar

Era sábado, no había que acudir a la escuela. Por lo que la mamá no echó de menos que su primogénita no acudiera a desayunar. “Tiene ganas de dormir”, fue lo que pensó. Sin embargo, conforme transcurría la mañana y la niña no hacía acto de presencia, hubo que acudir a despertarla, pues ya era casi mediodía.

Cuál fue su sorpresa, encontrar a su hija bajo un amoratado rostro, producto del dolor que no se iba. No había que ser adivina para saber que algo andaba mal con la carne de su carne.

Pregunta tras pregunta. Mientras las lágrimas fluían en ese arroyo interminable de angustia y sufrimiento. Por fin, la niña le confió la villanía sufrida apenas horas antes. También la amenaza para su familia. En esos momentos el padre estaba fuera de la ciudad. Ella sola compartía el terrible dolor que duele más cuando es en contra de un hijo que sufrirlo en carne propia.

Fue en la noche que regresó el padre cuando se enteró de lo sucedido. Un dolor extraño y brutal le cegó el entendimiento y corrió a tomar la pistola que guardaba para protección. ¡Quería matarlo! Cegar con balas el ataque a su hija, borrar del mapa a quien es capaz de tan tremendo acto brutal.

Sólo las lágrimas de su esposa y de su propia hija impidieron esa noche que la tragedia continuara con un violador muerto y el padre de la víctima en prisión.

Violaciones

Aunque en lo que va del año las denuncias por violación han disminuido considerablemente en comparación con años anteriores, en que inclusive Acuña tenía el deshonroso primer lugar en este tipo de delitos de todo Coahuila, no deja de ser un problema social.

Noé Tovar Hernández, coordinador de Agentes Investigadores del Ministerio Público, aseveró que una víctima de 12 años o menos, con el simple hecho de tener esa edad es violación.

En una edad mayor a los 12 años, debe acreditarse los otros elementos, como violencia física o moral para consumación de la cópula.

Abuso del poder

La violación tiene que ver en muchas de las ocasiones con el abuso del poder, una persona adulta o con una investidura de poder en la familia con respecto a alguien de menor jerarquía.

La víctima es vulnerable por su propia condición de debilidad, trastorno mental, a veces de incesto, falta de conocimiento, de experiencia en cuestión infantil y donde evidentemente hay una patología, una enfermedad de tipo emocional y básicamente de salud mental de parte del perpetrador. Una distorsión en cuanto a la convivencia que pudiera tener con la gente de su entorno.

Hay mitos, entre ellos uno es el que el violador es alguien extraño al hecho, generalmente las estadísticas hablan que la mayoría de los victimarios no están a más de una cuadra de la víctima geográficamente, afirmó Marcos Alejandro Dena González, psicólogo especializado de Centros de Integración Juvenil Saltillo con maestría en terapia familiar.

Hizo hincapié en que hay situaciones estereotipadas con el padrastro como victimador, pero la evidencia aclara en que son a veces familiares de propia sangre los que incurren en este delito.

Delito atenta contra la vida de los demás

Dentro de la información del Ministerio Público a víctimas del delito y programas del DIF, se maneja que se incrementa este tipo de problemas en el transcurso del verano, ya que hay indicadores significativos, uno de ellos el hacinamiento familiar, casas muy pequeñas. La infraestructura de una casa con hacinamiento es factor de riesgo, además el consumo de acohol y drogas, lo que facilita la distorsión de la realidad del perpetrador.

No es tanto instintivo sino con ciertas circunstancias

Cuando se da el atentado de un menor contra otro menor, está presente la influencia de estimulación visual cuando la familia no tiene límite de control en pornografía… empieza como un juego pero termina como un abuso.

Hay indicadores, puntos de alarma, y se debe poner atención, escuchar e indagar, generalmente los niños a través del juego pueden dar información de su conducta lo que les está pasado, como juegos de tipo sexual cuando no tienen edad para ellos.

También, cambios de comportamiento significativo, niño o niña comunicativo y alegre, se vuelve retraído, agresivo, con problemas de conducta o somatizaciones, enuresis, la incopresis (orinar y defecar sin control), trastornos del sueño, modificaciones del lenguaje, al estar atentos a estos indicadores, que a veces no es producto de violación -penetración vagina o ano-, pero sí hay situaciones de estar bajo presión-amenaza por donde empieza el abuso sexual.

Realmente son pocas las violaciones de personas extrañas, en este tipo de delitos se da más hacia el interior de la familia con gente muy cercana a la víctima.

Consecuencias

Aunque sí se puede superar el trauma de una violación, la edad es un factor importante, pues los menores pueden ser tratados con especialistas y bajo terapias y un entorno confortable, con cariño de sus familiares puede salir y dejar pocas o ninguna secuela.

Sin embargo, si la víctima ya es adolescente o adulta, el trauma tiene que ver más con el tipo de ataque, la estigmatización de la misma sociedad donde se desarrolla, la pena, la vergüenza, el tipo de cultura, la educación, el impacto que tuvo en lo laboral y en lo social. “Cuenta mucho el manejo que se le dé en la familia”, afirmó Dena González.

La víctima que es menor tiene mayores opciones de recuperación, con las condiciones adecuadas tanto en la familia como en su entorno.

Pero, si en la misma familia se tiene un concepto como “ya me la desgraciaron para toda la vida”, “su vida no será igual”, pues el problema está ahí y latente… no dejará de ser un dolor emocional en la vida de la víctima.

Si al contrario, se tiene una reacción de la familia que permita que el daño no sea un estigma social, que no haya señalamientos ni discriminación, se puede recuperar. Hay evidencia que de tal forma como tratemos el evento con profesionalismo, que se tengan relaciones afectuosas -lo que se piensa, el sentir o decidir-, en ese constructo psicosexual, hay factores de protección, búsqueda de la redefinición para poder desarrollar maneras sanas de relacionarse interpersonal y sexualmente.

“Cubrirse ciertos requisitos, amor, apoyo, información, tratamiento, puede llevar a la sanación total de la víctima, quitando la referencia de -yo lo ocasioné-, echando fuera culpa y remordimiento. No porque una mujer esté vestida provocativamente, quiere decir que está invitando a que sea violada”.

Fuera de mi vida

A María N., le tomó mucho tiempo superar el trauma a la que fue sometida. Después de denunciar a su agresor y que la Policía dio con él, encaró su problema a la par de estar al tanto de que el sujeto que invadió su vida de manera brutal, fue sentenciado a 13 años de prisión por su delito.

La sanación le llegó poco a poco. Dejó de enchinársele la piel de pánico cuando alguna persona del sexo masculino se le acercaba y logró tomar el control de su vida. Veinte años después está casada, tiene tres hijos y vive una vida plena y productiva, con armonía en su vida. Perdonó al perpetrador y pidió a Dios por él, y por el término de una mala historia que al superarla dejó en el pasado.
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