Piedras Negras, Coah.- Poco a poco, doña Mary le ayuda a don Alfredo a subir las escaleras que dan al primer cuarto, el matrimonio, como siempre unidos, se sientan en un sillón para platicar la historia de su amor, de ya 62 años.

Ambos se apoyan mutuamente, aunque a últimos días doña Mary, de 76 años, es quien tiene que cuidar más de don Alfredo, quien está a punto de cumplir sus 80 años de edad.

Don Alfredo sufre de diabetes y por ello ha tenido problemas en los pies, uno de ellos, el izquierdo, es con el que más ha batalló a punto de no poder usar zapatos, porque lo trae hinchado.

Su fiel esposa es quien lo ha llevado al doctor para que sea atendido.
Está preocupada y pide a Dios que su viejito pronto se recupere.


Un hombre de trabajo


Y es que don Alfredo, nomás no se halla, como dice él, pues es un hombre que está acostumbrado a trabajar siempre, y como así no puede caminar o mantenerse de pie por mucho tiempo.

Luego de sentarse en un cuarto que está adornado por muchos cuadros que llevan fotografías de sus hijos y nietos, ambos hacen memoria de cuando se casaron, y resaltan con gran orgullo que lo hicieron en el año de 1950.

“Fue el 15 de abril de 1950”, resalta don Alfredo con una sonrisa.

Un poco más serena, doña Mary precisa que ella también recuerda la fecha.

Don Alfredo entonces platica que se conocieron porque María trabajaba en un casa muy cerca de donde él vivía.

Sus amigos y él pasaban por donde algunas jovencitas, entre ellas María, laboraban limpiando casas muy cerca de la “central de los Anáhuac” (hoy central de autobuses).

Él ya había observado a María, quien le gustaba mucho, hasta ese día en el que se atrevió a invitarla a pasear a la Plaza de los Héroes, hoy Gran Plaza y a donde acudían en esa época todos los jóvenes a convivir.

El rostro de don Arturo se ilumina al rememorar sus ayeres, pareciera que por un momento se ha metido a una máquina del tiempo y vuelve a vivir aquella época en la que tenía apenas 17 años de edad.

Doña Mary, quien tenía 14 en ese entonces, se ruboriza al recordar sus años mozos.


Amor a primera vista


El amor de ambos fue casi un amor a primera vista en esos principios de enero de 1950.

Tan sólo bastó el platicar unas horas para darse cuenta que eran la persona con la que querían compartir su vida.

Ambos, a pesar de su muy corta edad, decidieron casarse por el civil el 15 de abril de ese mismo año.

Arturo ya trabajaba en La Consolidada y aunque por dos años vivieron en casa de su mamá, luego se llevó a su esposa María a vivir en una casita que rentó en la avenida Reforma, ahí enfrente de su trabajo.

Esa casa que se convirtió en su hogar de siempre, y en donde viven ahora.

“Rentamos esta casita y luego luego de 25 años de trabajar en la Consolidada nos liquidaron muy bien, me dieron 60 mil pesos, que en ese entonces era mucho dinero”, relata don Alfredo.

“Decidimos comprarla y la ampliamos para tener más espacio para nuestros hijos”, añade.

El matrimonio procreó una gran familia, pues fueron 15 hijos los que tuvieron.

Don Alfredo resalta que parte de la fórmula para poder mantener un matrimonio por tantos años como ellos, es el ser responsables con la familia.

Y es que lamenta que la irresponsabilidad, principalmente de los hombres, ha mermado muchas uniones.

“Ahora los hombres sólo quieren usar a las mujeres, disfrutar su juventud y luego dejarlas, sin hacerse responsables a veces ni de los hijos que tuvieron”, critica.

Pero, también atañe la falta de valores, esos que poco a poco se van perdiendo en las nuevas familias.

“Son muy pocos por ejemplo los que leen la biblia y no saben ni por qué Dios nos tiene aquí”, indica.

“Deben de conocer a Dios, y que se den cuenta que hace falta mucho respeto y sepan por qué estamos viviendo en este mundo”, reitera.

La economía, es un punto en el que también, precisa que han fallado muchos matrimonios, pues no se organizan bien con sus gastos y no dan prioridades a lo que realmente se requiere.

El hombre, que tuvo que mantener a 15 hijos y que actualmente, da sustento a uno de sus nietos que vive con ellos y que es como su hijo más pequeño, indica que es ahí donde entra la responsabilidad.

Enfatiza que toda su vida trabajó, primero en La Consolidada, pero luego al terminarse el trabajo ahí, emigró hacia los Estados Unidos para sacar adelante a sus hijos.

“La familia siempre debe estar por delante de uno”, subraya.


Una familia llena de felicidad


Y al ser cuestionado sobre las dificultades que muy probablemente se le presentaron al tener que dar alimento a 15 hijos y a su esposa, el hombre de casi 80 años de edad, responde:

“Fue una felicidad el tener 15 hijos, y todos los días era darle gracias a Dios por estar todos juntos”, indica.

“Sí fue difícil, Dios aprieta pero no ahorca, gracias a Dios siempre pude darles de comer a todos”, resalta con una sonrisa.

Su esposa María relata que esa responsabilidad de don Alfredo, siempre los mantuvo unidos.

Y es que a pesar de que él en un tiempo tuvo que irse a Estados Unidos a trabajar, luego de que se terminaron las labores en La Consolidada, ella lo siguió, teniendo que pasar de “mojada” por el río Bravo, cuando estaba en el que fue su último embarazo.“Allá me alivié, y luego eran cuates, una niña y un niño”, dice.

“Traía la panza y por eso pudo flotar en el río”, cuenta riendo don Alfredo.

Sin embargo, la alegría de recordar su amor y sus hijos, se ve empañada, al relatar cuando su hijo mayor falleció luego de que vino a Piedras Negras a visitarlos.

“Iba de regreso a su casa y en la carretera sufrió un accidente”, dice doña Mary con lágrimas en los ojos.

Don Arturo sólo baja la cabeza y se traga el dolor, haciendo un silencio en su charla.

Pero al cabo de unos minutos, comenta que de los mejores consejos es a los hombres, el siempre estar al pendiente de su familia y responsabilizarse de ella.
Tener como prioridad, que tanto su esposa como hijos estén bien de salud y tengan alimento y casa.

“Yo siempre he trabajado, hace poco tenía una vulcanizadora, y soldaba, además de comprar y vender cosas”, indica.

“Uno no puede sentarse a que le caiga todo del cielo, además con la miseria que me paga el Gobierno de pensión, no alcanza para nada, y uno tiene que pagar los recibos de gas de 600 pesos y de luz de 500 pesos”, añade.

Pero su condición de salud, precisa que no lo ha dejado a últimos días poder trabajar y lo hace sentir sumamente incómodo, por lo que tanto él, como su esposa María, esperan que pronto tenga una recuperación.
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