A tal grado compartió con su esposa su pasión por la escalada, que André se casó honrando su amor por el montañismo al realizar la ceremonia civil en el Pico de Orizaba. Pudo entrar al libro de Récords Guinness pero no aceptaron el hecho único porque no les había informado con anticipación.
“Para nosotros fue dar a la gente un impulso. Para todos los que se quedaron sin trabajo y no sabían qué hacer, deprimidos, fue demostrar que se puede hacer algo bonito, barato y con un valor muy especial”, explicó. Sin embargo, cuando regresaron le habló su hija de Alemania: ‘Papá, ¿qué hiciste? Estás en el periódico’. Pero si apenas fue ayer. Fue algo extraordinario”.
En su país natal subió a casi todo, también escaló los Alpes, el Himalaya de Nepal, la Cordillera blanca de Perú y los Andes, siempre consciente del peligro de “Mal de montañas” (dolor de cabeza, náusea, vómito). Pero se describe como un niño al empezar y alcanzar la cúspide. “En la primera cumbre que ves hay un poco de nieve y casi te pegas al vidrio. Estás esperando que empiece el dolor de cabeza”, dijo.
Amante de otros deportes como la pesca, el buceo con tiburones y el aikido, afirmó que cada situación es diferente por su aclimatación, el peligro, la soledad y las sensaciones. “Vives el sentimiento de no escuchar nada… Te escuchas cómo respiras, el vacío en tus orejas, tu corazón cómo late y platicas contigo mismo: ‘Cabrón, muévete, muévete’. Es algo que pocos conocen y su sentido”, reflexionó.
Sus próximos proyectos son igual de osados: “En el 2012 quiero ir al Huascarán en Perú, tiene 6 mil 700 metros, va a ser en junio o julio. En diciembre, un año después comienzo el tour en Concagua. Al primero llevo a mi señora, en el segundo voy solo. No estoy loco, no me quiero morir”.
LA PASIÓN POR LAS ALTURAS
¿Un alpinista nunca termina de explorar?
No. Quedan muchos lugares por escalar. Cuando alcanzaste uno ya te espera otro. No tienen que ser siempre los más altos, realmente es la experiencia que te llevas de cada uno porque es diferente. No siempre los más altos son los más difíciles por sus condiciones.
¿Cuáles son tus condiciones favoritas para hacer alpinismo?
A mí me llaman la atención el hielo y la nieve. Esos son mis terrenos. En mi opinión la roca para mí es sin vida, frío, es duro. Nieve hay tantos diferentes tipos y opciones.
Una montaña me llama la atención porque es en cada continente el punto más alto. Por ejemplo, en América es la Concagua, de 6 mil 973 metros. Es una de las metas para el próximo año. Pero me atrae uno menos alto, el Denali en Alaska. Ahí van pocos porque las temperaturas son muy extremas (-60 °C).
¿Cuál es la temperatura más baja que ha enfrentado?
En las montañas no tanto, son como unos menos 20. Pero trabajé un rato en China y ahí teníamos hasta menos 40 grados. Te mueves y no sientes. Cuando te paras es cuando te pega.
¿Por qué enfrentarse a ese frío extremo en la montaña?
Es difícil describirlo. Para mí es una forma de descansar activo. Para mí es una forma donde podemos olvidar las cosas normales como el trabajo.
¿Te gusta la soledad?
Es parte. Un amigo me decía: ‘Cuando estás en un grupo allá en las montañas, no importa porque al fin estás solo, cada uno lucha por sí mismo. Tienes solo el frío, nadie te apoya con eso. Cuando te peleas allá arriba con el oxígeno, nadie te ayuda, nadie te empuja a caminar.
¿Por qué practicar este deporte?
A mí me fascina porque no estás pendiente de alguien. Tú te empujas o nadie lo hace. Te tienes que superar. He tenido tiempo difícil en el trabajo. Mi jefe me echó la culpa de la crisis mundial: ‘Tú no sabes, no puedes’. Al mismo tiempo fue mi primera vez en el Pico (de Orizaba), con una guía. En los cinco mil metros me vio los ojos y me dijo: ‘André, ¿te quieres morir? Te ves mal. Vamos a regresar’. Esto a mí me pegó tanto. ¿Cómo me va a vencer una montaña con poco de nieve? ¡A mí, eso es lo peor!
EL PICO DE ORIZABA: RETO Y DESTINO
¿Por qué insistir en alcanzar la punta del Orizaba?
Para mí fue importante llegar porque cuando pueda eso, también podré con otras cosas. Muchos caen en un hoyo. Dicen que no puedo y no puedo, pero ahí es donde realmente cada uno se debe superar a sí mismo. Uno lo tiene que aprender, es parte de la educación, y también del ego propio.
¿Es sencillo prepararse para una expedición así?
A mí se me facilitan las cosas porque he hecho toda mi vida deporte. Sé cómo alimentarme, cambiar el programa, el acondicionamiento físico es para mí más fácil. Mi contra es que soy muy pesado. 92 kilos se tienen que mover. Batallo mucho para correr, pero es algo que tengo que hacer.
Los mejores alpinistas del mundo son chaparritos y flacos. Hace años vi un reportaje del Everest en el tour que midió 1.92. Para él fue cruel. Pero se sube gente hasta sin piernas. Todo es posible con programación y un poco de ánimo.
¿Por qué compartir esa disciplina con tu esposa? ¿Ella lo practicaba?
No, nada. Fue de aprendizaje para ella. Los sueños son importantes. Si te programas y te enfocas bien, lo vas a alcanzar. Así fue con mi esposa. Punto por punto, en un año puedes tener todo.
¿Se casaron en el Pico de Orizaba?
Como en el Pico le pedí matrimonio y la pedí aquí en Saltillo (obviamente, las mujeres empiezan a planear las cosas), pregunté en el coche dónde nos vamos a casar. Nadie comentó nada. Nos vimos y fue decidido.
Luego empezó el problema para conseguir un juez que suba. También otro porque la punta está entre Veracruz y Puebla, tiene dos lados. Afortunadamente teníamos un amigo allá que nos buscó un juez, jovencito de un pueblo de al lado, accesible. Él lo tomó como una aventura.
Después de un año de mucho papeleo porque soy extranjero, traducciones y todo el show, al fin nos fuimos once personas, aunque invitamos a todo el mundo, pero creo fue la boda más barata del mundo porque nadie llegó. Al final fuimos nosotros dos, siete guías y el juez con un ayudante.
¿Cuál es la sensación de llegar?
La sensación es diferente. No voy a estar menos joven, cada año es un esfuerzo de otra forma. Tomo ahorita los tour para experimentar cosas con otra ropa, nuevos zapatos. Tratas de caminar derecho, otra en zigzag.
Pero cuando llegas yo me siento como niño que pidió a Santa Clós una bici. Siempre me río. Cuando fallé las primeras veces en el Pico de Orizaba y llegué yo solo, lloré porque lo alcancé, después de tantos experimentos, dolor de cabeza. Para mí fue algo que no se puede explicar.
¿No has estado en peligro?
Hasta ahorita no. Pero a mí me preguntan mucho: ‘¿André, cómo te quieres morir?’ Seguramente no en la casa. Se escucha gacho, pero a mí me gustaría morir allá. Es algo que a mí me da libertad, me deja respirar, me da ánimo para nuevos trabajos, me deja descansar.
Es impresionante cuántas personas se mueren allá. Pero no mueren por mala preparación, sino porque hasta cierto punto se quieren morir allá. En el Everest los muertos se quedan allá. Nadie los baja. Para bajar uno necesitas 20 personas. Sólo hay un helicóptero que alcanza esta altura. Los helicópteros normales alcanzan hasta 6 mil 700 metros y cuando te pasas no te rescatan.
Cada uno allá arriba, a partir de los 7 mil metros, realmente está muriendo, solo, lento, bien lento. Ni siquiera sientes si te deshidratas o por el frío. Entonces para sacar uno de allá es imposible. Sólo mueven (los cuerpos) de los caminos.
¿QUIÉN ES?
» Nombre: Andreé Volkmar Hickethier
» Nacionalidad: Alemán
» Profesión: Ingeniero mecánico.
» Edad: 43 años
» Tiempo en el montañismo: 30 años
» Otros deportes: Gimnasio, pesca, buceo y aikido.
EL DATO
» Cuando planea marchar al Pico de Orizaba, entrena junto con su esposa en el Cerro La Viga de Saltillo, cuya altura es de 3 mil 800 metros. Suben, duermen y el cuerpo se acopla a la altura.
» El problema es que la altura provoca la falta del oxígeno, porque la sangre se mueve muy lento; eso te provoca dolor de cabeza.
» La Concagua, de 6 mil 973 metros, es una de las metas para el próximo año.
» El Denali en Alaska también es su objetivo porque ahí van pocos debido a las bajas temperaturas que son muy extremas (-60 ºC).
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