Tags: saltillo, pacto civil de solidaridad, imss, coahuila


Saltillo.- En el número 195 de la calle Nueces, Alejandra yace en una cama esperando la muerte. Mientras Valeria, su pareja, se prepara para el duelo. El ambiente es calmo, familiares entran y salen de la casa, solamente esperan el momento.

****************************************************************
TAMBIÉN LEA:
Incurrió el IMSS en discriminación
Saltillo, Coah.- Luego de que una pareja de lesbianas fuera discriminada por el Instituto Mexicano del Seguro Social al no hacer válido el Pacto Civil de Solidaridad, creado en Coahuila en 2007, Raúl Alvarado Castro, consejero jurídico del Estado, aseguró que esta figura legitima a las mujeres.
****************************************************************

Han sido tiempos difíciles para ellas. Llevan 13 años juntas y desde siempre han sufrido discriminación, burlas y exclusión por ser lesbianas. Hace unos años, una negligencia médica en el Instituto Mexicano del Seguro Social, cambió su vida.

Lo que se diagnosticó como una lumbalgia después de una caída en su área de trabajo, realmente era un tumor que había crecido en la columna. Muchas puertas se cerraron, pero su esperanza de formar una familia las mantuvo fuertes para continuar en la lucha.

MALA ATENCIÓN Y BUROCRACIA

Luego de un proceso burocrático, que incluyo mala atención por argumentar que sólo buscaba una pensión por accidente de trabajo, la institución accedió a un estudio general en el que se determinó que el lado derecho de su esqueleto estaba invadido de cáncer.

El diagnóstico fue crudo: no más de tres meses, espetó el doctor. “Le daban muy poco tiempo de vida y ahora ya casi cumple los tres años, ella se ha aferrado a la vida porque sabe lo difícil que fue para nosotras atravesar por toda esta situación, no quería dejarme sola, pero su cuerpo ya no pudo más”.

UN CALVARIO

Es medio día del lunes, 14 de octubre de 2013. Valeria llega apurada a su casa en la colonia Nogales y asegura que una noche antes la doctora que atiende a Alejandra le dio la triste noticia. “Le quedan horas, ella está muy mal, pero sé que le preocupa que nos quedemos desprotegidos el niño y yo”.

En el preludio de la muerte, la pareja sólo tiene una petición: la seguridad social y la pensión otorgada por el IMSS para proteger a su hijo, un pequeño de 3 años de edad que está consciente de que tiene dos madres.

En un procedimiento que inició hace meses con la institución, se les negó reconocer el Pacto Civil de Solidaridad que firmaron el 19 de enero de 2012 para protegerse legalmente, pues estaban convencidas que como pareja no querían recurrir a un contrato legítimo.

Al empeorar el estado de salud de Alejandra, debido a que no funcionó el tratamiento de quimioterapia y radiación, las mujeres comenzaron a tramitar lo necesario para garantizar la seguridad de Valeria y su hijo, que está registrado con los apellidos de su madre biológica.

En agosto, Alejandra solicitó mediante oficios que se incluyera como beneficiaria a su pareja. Luego, el mes siguiente, el IMSS, bajo el oficio número 050312679100/OV2674/2013 firmado por Alma Guadalupe Fonseca, encargada del departamento de Afiliación y Vigencia negó el trámite.

LA LEY

“Al respecto en uso de las facultades que le contienen los artículos 64 de la Ley del Seguro Social, de los cuales concluye el Congreso de la Unión, órgano legislativo competente en materia de seguridad social al definir al beneficiario del asegurado y de la asegurada en los supuestos de matrimonio invariablemente determinó como tal a personas de género distinto al de aquellos, razón por la cual no es posible acceder a su petición al existir impedimento legal para realizarlo sin que ello constituya un acto de discriminación a la solicitud”.

El amparo que había interpuesto la pareja fue revocado, mientras que el cáncer se fue expandiendo en el cuerpo de Alejandra. “Siempre tuvimos las puertas cerradas desde el principio, pero nunca nos dimos por vencidas, yo le prometí que iba a estar con ella hasta el final”, narra Valeria, de 32 años.

LAZO ETERNO

“Encontré el amor de mi vida en una mujer, tal vez a muchos les suene raro pero yo no lo voy a negar, nunca me arrepentiré”, dice Valeria, quien muestra un semblante tranquilo. De piel morena, cabello rizado y boca gruesa, recuerda con gracia la historia de su relación.

Se conocieron en la empresa Seglo, hace 13 años. “Me la robé” dice entre una suave risa que rompe con el silencio fúnebre en la casa. “Yo soy la más aventada de las dos, estuvimos saliendo un mes juntas yo vivía sola y le dije: vente a vivir conmigo, ella no quería, pero le dije, ‘decídete’, y se decidió”.

Tras las críticas y burlas de compañeros de trabajo y gente en la calle, en la plaza comercial, en el supermercado, decidieron formar una vida hogareña en la que preferían convivir en casa, para evitar malos momentos.

El tiempo avanzó y las mujeres decidieron hacer realidad la ilusión de ser madres. Ser familia, una diferente, en la que no existieran los señalamientos, sólo tolerancia. Siempre trabajaron, compraron muebles, ropa, y comían lo que querían.

SU CASA

Alejandra obtuvo el crédito de vivienda a través del Infonavit, trámite que también presentó dificultades al no reconocer a la pareja bajo la figura del Pacto Civil de Solidaridad, pero el obstáculo no las detuvo, acostumbradas a la discriminación, siguieron con su proyecto a futuro.

Pese a todo, resistieron. Se adaptaron a la exclusión y optaron por pensar a futuro y luchar por su amor. “Teníamos el sueño de formar una familia, pequeña, disfrutar en casa, estar tranquilas, nos decidimos a tener un hijo, porque tampoco nos permitieron adoptar”.

Fue el 21 de junio de 2010 cuando un niño les cambió la vida. Valeria dio a luz al hijo de ambas, en medio de la esperanza. Tiempo después vino el diagnostico del cáncer y con él, las noches de insomnio, de preocupación por el futuro, el bienestar de la familia que Alejandra no podría proteger.

“Habíamos acordado que yo me iba a hacer cargo del niño, que lo iba a cuidar y que ella iba a trabajar, pero ya ves, uno pone y Dios dispone, y todo cambió, incluso tuvimos que endeudarnos, yo puse todo mi esfuerzo humanamente posible para que se recuperara”.

"QUE SE VAYA EN PAZ"

Después de un nuevo calvario burocrático, Alejandra fue pensionada y con ello se mantenía la familia, ahora de tres. Meses después, y de forma inesperada el cáncer mostró sus fauces, dejándola en fase terminal.

Alejandra le pidió a Valeria que la acompañara en sus últimos días. Dejó el empleo que tenia, en el que percibía mil pesos por semana y se dedicó a estar a su lado. Después de estar hospitalizada por varios días los médicos aseguraron que no quedaba ninguna intervención por hacer, era momento de esperar el final.

“Mientras veíamos la cuestión legal, del Seguro, del Infonavit, ella se fue poniendo cada vez peor, sabía que llegaría ese momento, pero no pensé que fuera tan rápido, ahora sólo espero que ella se vaya en paz y yo quedarme tranquila, seguiré luchando para ver por mi hijo”.

Es 14 de octubre al medio día. Alejandra yace en la misma cama donde pasó momentos felices con su pareja y su hijo. Ya no puede hablar, tiene lesionada la cadera. Apenas dos días antes, le había pedido a Valeria una cerveza, estaba emocionada porque comenzarían un negocio de venta de tamales.

“Todo fue de repente, estamos tranquilas, a pesar de todo, siempre vamos a estar juntas, es un orgullo nuestra historia”, dice Valeria, mientras se limpia las lagrimas.