Hace seis meses la vida de él y de su papá, Enrique Reyna, que también padece diabetes, cambió radicalmente: la madre del niño murió de un coma diabético y al niño le detectaron diabetes tipo 1. Desde entonces el padre, de 58 años, ha tenido que hacerse cargo de la familia, lavando carros y pidiendo dinero en la calle.
“¿Qué más hago? Yo cuido al niño, tiene una dieta especial por el sobrepeso y el azúcar; tengo que sacar para el pollo, el atún y el jamón, no podemos comer cualquier cosa”, explica el padre de Carlos, que desde hace 8 años padece de la pierna derecha y camina con una muleta.
Viajan de Monclova a Saltillo al Hospital del Niño, cada mes, para que Carlos sea consultado por la nutrióloga, el pediatra y el endocrinólogo, su condición de salud es estable, pero corre un gran riesgo por las dos enfermedades crónicas que padece: obesidad y diabetes.
La familia no cuenta con el recurso necesario para mantenerse, pero los esfuerzos se hacen y se busca aquí y allá para alimentarse y transportarse, además comprar los medicamentos como la insulina, lancetas, jeringas, tiras reactivas para monitorear el nivel de glucosa y demás químicos que se requieran.
“Yo lo voy a sacar adelante hasta que Dios me dé vida y salud”, asegura Enrique, que desde hace 15 años desarrolló diabetes.
UNA VIDA DISTINTA
Mil pesos de renta, 300 de luz y 75 de agua son los gastos que tiene que contemplar don Enrique para mantener en pie la casa que tiene en la calle San José 914, en la colonia Hipódromo. Hace milagros para reunir el dinero y pagar los recibos.
“Yo me voy al Centro a limpiar carros, en la farmacia les pido para mí y para el niño. Así como ando, con mi pierna y todo, y yo como quiera lo saco adelante, lo llevo a la escuela; no le falta comida, pago renta, voy juntando para llevar y darle de comer, la escuela, me le piden pantalón blanco, pantalón azul y camisa blanca, pero yo no puedo”.
Hace más de ocho años se enterró un clavo en la pierna y comenzó a padecer de la rodilla, lo que le impide moverse fácilmente. Pero saberse la única persona que tiene Carlos le da fuerzas para levantarse cada mañana.
Carlos demuestra todo con su mirada. En el consultorio del Hospital del Niño se sienta en una silla y comienza a observar. Al ver entrar a la terapeuta de lenguaje, Fery Osuna, se alegra y le da un abrazo. “Yo estoy trabajando con él, en reforzar un lenguaje de señas porque no lo traía establecido”, asegura la especialista.
ntre padre e hijo existe un lenguaje único, que poco a poco fueron construyendo, porque don Enrique no conoce a detalle las señas para sordos, pero asegura que siempre entiende lo que el niño quiere decir.
A Carlos le gusta jugar futbol, tiene dos balones y le gusta andar en bicicleta. Ahora, por disposición médica debe comer menos, aunque su papá asegura que “nomás quiere estar come y come, pero le abro una lata de atún y ya con eso se le calma el hambre, porque él no puede comer muchas cosas ya, por la diabetes”.
No come dulces, ni pan dulce, ni chocolates, tampoco frituras, refresco ni le pone catsup al huevo ni a las papas. Debe ejercitarse diariamente y pincharse con una lanceta en el dedo para medir su nivel de glucosa.
El niño duerme a las 9:00 de la noche y se despierta poco antes de las 8:00 de la mañana. De lunes a viernes va a clases al Centro de Atención Múltiple, que queda lejos de su casa, y ahí se ha distinguido por ser un alumno sobresaliente.
Después de la escuela Carlos ve la televisión. Aunque sólo ve imágenes porque no puede escuchar, se entretiene y la actividad ya se ha vuelto parte de la rutina. Su padre ha tomado este método como el más efectivo para evitar que “se salga de andariego en la bicicleta”.
ENFERMEDAD CARA
Carlos requiere de tres chequeos diarios del nivel de glucosa. Las tiras reactivas cuestan 500 pesos, que su padre a veces no alcanza a costearlo. Requiere también de jeringas para insulina para la dosis que todos los días se debe inyectar y que junto con su padre prepara cada mañana ya como un ritual familiar.
El hombre con notables arrugas en el rostro y las manos, que de tan marcadas lo hacen aparentar más de sus 58 años, toma una ampolleta de insulina y rompe la tapa con la jeringa mientras Carlos sostiene el frasquito de vidrio. Don Ernesto toma un algodón empapado de alcohol, le limpia una parte del brazo izquierdo y le introduce lentamente la aguja.
El niño hace gestos. Don Ernesto guarda los instrumentos y dice: “Esto es lo que tenemos que hacer todos los días, estamos bien gracias a Dios, pero no tenemos dinero, ojalá que Diosito nos deje muchos años; a mí para cuidar al niño y a él para que sepa defenderse solito”.
La Asociación de Niños con Diabetes de Coahuila (ANDIC) en el Hospital del Niño, proporciona orientación médica a los menores que padecen esta enfermedad.
Niños con diabetes
En 2007: 7 casos
En 2008: 22 casos
En 2011: 75 casos
*Sólo en el Hospital del Niño.
Señales de alerta:
Sed intensa.
Necesidad de orinar frecuentemente o incluso mojar la cama cuando ya no lo hacía.
Pérdida de peso sin causa aparente.
Obesidad.
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