Se codeó con los mejores y era de esperarse, él fue un gran representante de Coahuila y México en el extranjero, no por nada dejó gran huella en esta institución.
Era apenas un estudiante de secundaria y desde entonces era bueno en cualquier cancha, jugaba voleibol y era imparable.
“Eran las vacaciones de 1955 y Alejandro Elizondo se enojaba porque jugaba bien en todos los deportes y me dijo que un día me llevaría a jugar un deporte individual y entonces me invitó al tenis, antes era un deporte muy elitista y mi trabajo era ir por la bola y estar listo a que no les faltara, de tanto ver aprende uno y así empecé”, comenta Juan José de Hoyos.
“Ni raqueta tenía en el primer torneo, recuerdo que estaba en las finales y me dice la muchacha que me prestaba su raqueta -chaparro lo siento mucho, me tengo que ir- y ahí estoy pidiéndole a la gente que me prestara una, fue la señora Clarissa Solís quien me hizo el favor, era una raqueta chiquita de niño y con esa jugué”, recalca.
La situación económica para adquirir una raqueta en esos tiempos era complicada, entonces se hizo de una tabla que de 4 pulgadas que fue adelgazando hasta hacerle un mango, y era el antiguo cuartel del Coahuila y Texas donde había antes una cancha de frontenis, que tomó para practicar y poco a poco ir puliéndose en la disciplina.
NULO APOYO FAMILIAR
Su gusto por el tenis se convirtió en más que eso, fue el deporte de sus amores y pese a su gran nivel competitivo la familia jamás le brindó su apoyo, nunca le vio jugar.
“Mis padres y hermanos nunca me vieron jugar, lamento mucho eso, pero tal vez no tuve el apoyo de mi familia pero sí muchos ángeles que me ayudaron, así es como yo les llamo a toda esa gente que un día me apoyó”.
“Las raquetas en aquellos tiempos eran carísimas para lo que uno tenía, mis padres se enojaban porque era un deporte para ricos y por eso no tuve su apoyo jamás, y fue difícil salir adelante sin su apoyo”, comentó.
Todo ese apoyo fue incondicional, decenas y decenas de personas estuvieron ahí, beneficiándolo a él y beneficiándose ellos mismos al mejorar su nivel.
“Te facilitan la vida y se benefician con tu tenis, es incondicional, simplemente son buenas personas”.
LOS RESULTADOS
Ser un buen tenista no fue en vano, pues un día su nivel de juego llamó la atención de Don Russel, scout de universidades de Estados Unidos quien le ofreció cinco atractivas propuestas entre ellas la de la Universidad de Oklahoma.
Estudiaba en Monterrey y asistía a torneos de invitación en McAllen, cuatro años fue a competir, los primeros tres los ganó en el cuarto sólo no pasó a las finales, pero conoció a un personaje que jamás olvidará.
“Platiqué 15 ó 20 minutos, nunca lo he vuelto a ver, era una especie de scout y fue quien me consiguió la beca y eso facilita mucho tu estancia allá, la escuela paga y comprueba económicamente”.
Fue en 1965 cuando partió a estudiar a continuar su carrera en administración de empresas, 25 años después volvió a su tierra, puesto que al terminar de estudiar, siguió compitiendo, trabajando como coach y viviendo entre Oklahoma, Austin, Birmingham, San Antonio y Del Río.
Al inicio se complicó su situación pues no sabía inglés, tomándole cerca de un año entenderlo y mucho tiempo más dominarlo a la perfección.
En general su beca en Oklahoma le dio un estilo de vida del que hoy ha logrado mantenerse, fue durante años maestro de tenis e inglés, actualmente se desempeña como profesor de mencionado idioma para empresas de renombre en la ciudad y con gusto seguirá en el tenis, pues es justamente en el patio de su casa donde tiene una cancha que le ha servido no sólo para mantenerse activo, sino para enseñar a su familia y convivir con ellos.
LEYENDA EN OKLAHOMA
Después de 40 años de haber llegado a Oklahoma Christian University recibió una invitación que jamás esperaba, era de directivos de la institución para reconocerle como uno de los atletas de la década de los sesentas.
“Nunca imaginé que después de 46 años de recibirme se acordaran de mí, fue un gustazo enorme volver a estar con toda la gente de esos años, vivir la nostalgia, fue una gran sorpresa”, comenta luego de que el los primeros días de noviembre viajara a Oklahoma para ser reconocido.
“Durante el intermedio de un juego de baloncesto nos mencionaron a quienes nos distinguimos como deportistas, es como para no creerlo, que los mismos atletas voten para elegirte como el mejor”.
“De verdad quedé muy impresionado, pues estaba una gran foto mía en el póster promocional”. Tuvo la dicha de volver a ver su escuela y ver que se han hecho grandes cambios, pero que han sido gracias a la huella que tanto él, como muchos otros dejaron, no económicamente, sino como gran atleta.
LO MEJOR DEL TENIS
“Me dejó muchas cosas, pero lo mejor fue una forma de vida porque a través del tenis obtuve mi educación y con ello realmente trabajé poco usando mi título como administrador de empresas, nunca ha faltado nada a mi familia y eso es una gran satisfacción”, recalca.
Y cómo olvidar a toda la gente que logró conocer durante su andar, en Monterrey, México, Oklahoma y demás.
“Estoy feliz de haber conocido mucha gente como Ramón Betteta, con quien jugué mucho tiempo y que era un gran personaje en la ciudad de México, y muchos otros que a través de él, embajadores de otros países compartimos cancha eventualmente.
Al ser cuestionado sobre discriminación durante su carrera como tenista, negó haberla vivido, al menos en el extranjero, porque en México desafortunadamente probó tan amargas mieles y pese a ello, nada ni nadie le detuvo, se hizo de infinidad de amigos, ganó popularidad y sobre todo se convirtió en un gran atleta.
Hoy en día se dice dispuesto a apoyar a jóvenes con talento en las disciplinas y tratar de proyectarles en Oklahoma, ya sea en baloncesto, tenis u otras disciplinas, pues justamente dar la mano es lo que le caracteriza.
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