Ramos Arizpe, Coah.- El día que Juanita García Rodríguez fue aceptada para recibir atención en el Centro de Rehabilitación Infantil Teletón (CRIT) Coahuila, su padre, el señor Jesús García Garibay, yacía muy grave en el hospital. Un día después, falleció.

Esos días 3 y 4 de febrero del año 2003, se convirtieron en un parteaguas de dolor y esperanza para Juanita: por un lado, perder a quien le dio la vida y en todo momento la protegió; por el otro, la oportunidad de iniciar una lucha permanente para lograr algún día mover su cuerpo, comunicarse con los demás y tratar de ser autosuficiente.

Ayer sábado, a seis años de distancia, Juanita; su madre, Petra Ramírez Muñiz, y su hermana, Araceli García, se alistaron desde temprana hora para abordar el taxi que las trasladaría de Ramos Arizpe al CRIT de Coahuila, ubicado en Saltillo, con el objetivo de ser partícipes de la fiesta y el compromiso de contribuir con el Teletón.

Antes de acudir a dicha cita, Juanita nos abrió las puertas de su casa y su corazón.

DECIDIDA A VIVIR
Después de pasar toda una niñez dependiendo de los demás debido a un problema psicomotor provocado por su nacimiento prematuro de seis meses, hoy, la joven Juanita empieza a dar sus primeros pasos en andador, ha logrado articular palabras y hacerse entender con los demás.

Durante la plática, no borra la sonrisa de su rostro. Es una guerrera que junto a su madre y hermanos lucha diariamente por alcanzar su objetivo primordial:
llegar a caminar sin el apoyo y la supervisión de los demás, “eso es lo primero, luego es estudiar y algún día poder trabajar”, agrega dejando ver en sus ojos la añoranza de algún día convertirse en una persona de bien.

Hablar de su padre es recordarlo como un ser que en todo momento la apoyó al ser la hija menor y por su condición de capacidades diferentes.

Ella misma lo dice, “la psicóloga Nancy Esquivel es la que me ha ayudado a superar todo y entender que en esta vida se tiene que luchar”.

Para su madre, quien se dedica a la venta en mercados ambulantes, y a pesar de la escasez de dinero, los 120 pesos que paga tres veces a la semana para llevar a su hija al CRIT de Coahuila, no significan nada en comparación con los avances que ha obtenido su adorada hija.

“Antes del CRIT, mi hija no podía moverse, ni hablar; sus piernitas las tenía entumidas y nunca dejaba de escurrirle saliva… hoy ya camina en andador, aunque se nos ha caído algunas veces; ya come sola y en el CRIT se ha ganado a todos los doctores y a la gente, porque siempre está sonriente… aunque también es de carácter muy fuerte”, agregó la madre de familia, quien dijo sentirse orgullosa por el esfuerzo y el empeño que su hija ha puesto a lo largo de todos estos años para poder algún día dejar atrás el pasado que se empeñó en truncar su vida, y que gracias a su dedicación y fuerza de voluntad, ha salido avante.

-¿Eres feliz?-, le preguntó este reportero a la valiente adolescente.

-Muy feliz, porque sé que algún día voy a caminar sola, responde segura de sí misma.

Sin embargo, hay algo que le inquieta mucho en estos momentos: acaba de cumplir 18 años y es la edad límite para ser atendida en el CRIT, por lo que aún no sabe qué sucederá este año.
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