"El principal requisito es que tengan olfato, que no hagan las auditorías simplemente con el manual para saber dónde está lo que se hace mal.
"Lo que hay que tener también es creatividad, que la tienen en los manuales y además la tenacidad para seguir sus casos hasta el final, para armarlos perfectamente bien y que se puedan sostener en los tribunales", añadió.
En el marco de la presentación del Manual de Auditoría, Vega Casillas pidió a los auditores que detecten actos de corrupción con una mayor coordinación con las áreas encargadas de aplicar las sanciones a servidores públicos infractores.
Enfatizó que la corrupción es un acto oculto, que si se pretende demostrar con evidencia documental, "solamente lograremos observar los errores de registro o desviación de la norma".
"No vamos a encontrar ahí la corrupción, no nos dejan una carta diciéndonos lo que se robaron, entonces tenemos que tener más olfato, mucho más malicia a la hora de hacer las revisiones.
"Si queremos darle utilidad real a la auditoría, debemos asegurar la cadena de valor, la labor del auditor no termina con la solventación de observaciones, si hay corrupción concluye con una sanción impuesta y si hay ineficiencia, concluye con la mejora del proceso", aseguró.
Vega Casillas aseguró que el combate a la generación en este sexenio ha generado que las recaudaciones a la Tesorería de la Federación se incrementen de 50 a 400 millones de pesos en lo que va de 2010.
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¡Cómo esperar mejoras en la SFP si después de 9 años siguen pensando igual!
Francisco Barrio, titular de la SECODAM, se quejaba que en la Secretaría había “auditores light” al expresar “el auditor está acostumbrado a no meterse mucho a lo hondo, entonces, tenemos pocos y acostumbrados a trabajar en la superficie” (El Universal, 24 de abril de 2001, p. A 6). Y, Salvador Vega Casillas, de nueva cuenta insiste en que el problema de la auditoría se encuentra en los auditores. Lamentablemente los funcionarios de la Función Pública continuan deslindándose de su responsabilidad, al endosar el problema a los auditores. Y no, claro que no. La responsabilidad sobre la falta de eficacia de la auditoría se encuentra en la Dirección, en su falta de compromiso en la rendición de cuentas, la transparencia, y de no reestructurar el modelo agotado de fiscalización.