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San Antonio, Tx.- La mesa está lista para que nos sirvan un platillo deportivo de gran factura, emocionante. Se cumplió el último requisito para el megacombate de Marco Antonio Rubio y Julio César Chávez Jr.: la ceremonia de pesaje en el Alamodome. Y en ella de nueva cuenta se vivieron momentos apasionantes, inclusive el presidente del Consejo Mundial de Boxeo, José Sulaimán, calificó el evento de hoy en la noche como “una fiesta nacional”.
“Es una fiesta nacional del boxeo, sí, porque son dos grandes peleadores mexicanos, uno el número 1 y el otro campeón mundial. Entonces, los dos son un orgullo para México y yo creo que es la prueba más dura para la carrera de ambos”, señaló el mandamás del organismo boxístico que respalda el evento.
RUBIO EXCELENTE
Como ya se está volviendo costumbre para “El Veneno” Rubio, ayer convocó a una gran cantidad de fans que le miraron dar sin mayores problemas la marca de las 160 libras (72.6 kg) indicadas para el pelea de peso Mediano, en el que intentará arrebatarle a Chávez Jr. el fajín de monarca.
El coahuilense llegó al recinto (donde usualmente juegan los Spurs de la NBA) a las 13:30 horas, media hora antes de lo pactado, ataviado con pants ligero y una actitud favorable de agradecimiento a sus seguidores, regalando autógrafos y concediendo entrevistas, pero concentrado en todo momento, como una verdadera fiera al acecho.
“Vamos a hacer una pelea inteligente en cada round, vamos a tratar de superar cada paso que él dé, irnos un paso adelante a sus movimientos”, señaló Rubio. “Venimos preparados para lo que salga, si sale a moverse, ir por él; si sale fuerte y fajador, movernos. Yo creo que tenemos una preparación adecuada, la mejor de mi vida, y esperemos que todo nos salga bien”.
Cuando finalmente se subió a la báscula, Marco alzó los brazos y la gente del recinto grito su apoyo, llegó a parecer como si sus ojos brillaran un poco más.
CHÁVEZ, EL OTRO LADO
La otra cara de la moneda en la ceremonia la dio el campeón, el “hijo de la leyenda”, “Julito”, quien también fue apoyado por una inmensa gama de seguidores (a pesar de que llegó casi media hora tarde), pero a quienes “El Junior” apenas atendió. A la prensa mucho menos, se limitó a escupir y escupir en el piso, permanecer entre sus grupo de seguridad, marginando a empujones a quien osara tener la mínima idea de una aproximación.
Al subirse a la báscula se reveló el motivo de su preocupación, apenas dio la marca pactada. De hecho, para poder llegar a ella se despojó de toda su ropa, incluida la interior, por ello debió ser cubierto por unos auxiliares con una manta negra al frente.
Quizá por eso su entrenador, el célebre Freddie Roach indicó: “Quizá ésta sea su última pelea cerca de las 160 (libras), pienso que lo moveremos a las 168, porque sólo se está poniendo más grande y más grande… pero ya veremos”.
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