Mauricio Anguiano García asegura, que no le alcanzará la vida para arrepentirse por la tontería que ahora lo avergüenza frente a su esposa e hijo, que luego de dos meses lo siguen visitando sin falta y sin reproches, deseosos de que pronto vuelva al hogar.
“El alcohol hace que cometas muchas estupideces y, aunque luego te arrepientes, el daño ya está hecho”, expresa.
Ahora sabe que es una cantidad insignificante comparada con el amor que le profesan su esposa e hijo, “a pesar de haberlos defraudado por andar en el vicio”, confiesa arrepentido.
Sin embargo, Mauricio reconoce que algunas veces hace falta tocar fondo para despertar y ver la vida de otra manera, para apreciar las cosas en su justa dimensión, establecer prioridades y pensar antes de actuar.
“A veces uno no entiende, no nos cae el veinte de que ya estamos grandes y que tenemos responsabilidades con la mujer, con los hijos”, comenta.
Para sobrevivir al encierro y no caer en depresión, Mauricio se ha dedicado a trabajar duro en el centro penitenciario para que su familia no pase mayores necesidades afuera, pues lo que gana por semana en la fábrica al interior del penal, se lo da íntegro a su mujer para que puedan solventar aunque sea una parte de los gastos de su casa.
Esa misma actitud positiva ha logrado que su acusadora le otorgara el perdón, por lo que espera ansioso la última audiencia en la que se decidirá el siguiente paso para obtener su libertad.
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