Monterrey, NL.- “En este negocio hay muchas reglas, la más importante es ésta: nunca y por ningún motivo se deben de matar mujeres y niños”, decía la primera parte del recado que apareció al lado del cadáver de Noé Saúl Chapa Juárez, quien habría efectuado la primera ejecución de un niño en esta guerra del crimen organizado, precisamente a quien fuera su propio sobrino.

Esto fue en abril de 2008; por aquellos días, los narcos y los sicarios respetaban ciertos códigos, Noé, El Nova, los violó y pagó con su vida; no sin antes haber sido torturado.

Leonardito, de 4 años, el primer niño ejecutado, sucumbió a las balas la tarde del 9 de abril en la avenida Vasconcelos a la altura de Privada Río Tamazunchale, en el municipio de San Pedro Garza García.

Las investigaciones de la Procuraduría de Justicia del estado establecieron que Noé Saúl Chapa Juárez disparó en contra de Ignacio Naím Hernández Jalomo, alias El Nayo, identificado como brazo derecho de Érick Alvarado Muñoz, La Gata, quien era líder una peligrosa banda de robacoches (cabe mencionar que La Gata fue decapitado días después).

Junto al Nayo iba la hermana de Noé Saúl Chapa Juárez, Emelia Elena Chapa Juárez, de entre 26 años, y los hijos de ésta, Leonardito y Rubí Alejandra. Viajaban en un auto Mini Cooper; la niña no sufrió ni un rasguño.

La sociedad regiomontana experimentó un doble impacto con la tragedia. Leonardito fue el primer niño ejecutado por el crimen organizado y el verdugo fue su tío, quien tenía rivalidad con su madre y su padrastro. Él fue delatado por su sobrina.

“Fue el tío Nova”, le dijo a la policía cuando le preguntaron quien les había disparado.

El Nova apareció muerto el 14 de abril en un vehículo Hummer, en la Colonia Villas del Obispo.