Jaime Muñoz Vargas, escritor lagunero, hizo notar esas virtudes la noche del sábado, frente a Mendoza, en la presentación de su libro “Balas de Plata” en el Centro Cultural Ágoras, en el marco del festival Agosto: Mes de la Literatura.
Espejo social
Muñoz Vargas inició su presentación encomiando a Mendoza por su sensibilidad para plasmar en su literatura a la violencia como escenario y tramoya de la sociedad mexicana, y calificó a Mendoza como “Acaso el mejor narrador de nuestra realidad actual”.
Afirmó que los métodos de Mendoza para narrar esa realidad resultan de interés crítico porque surgen de una reflexión: “¿Hasta dónde es literariamente comunicable el inframundo del narco?”. La respuesta a esa pregunta, en la obra de Mendoza, ha sido el humor, la ironía, la expresión de una oralidad donde la cultura de “lo narco” se manifiesta.
También celebró los recursos experimentales que utiliza Mendoza no sólo para dar velocidad y vértigo a su obra, sino también para hacer que la violencia no sólo se exprese en la trama: también en los signos lingüísticos, en la oralidad.
Posteriormente, Muñoz Vargas dirigió la intervención de Élmer Mendoza realizando una serie de preguntas.
En voz del autor
Mendoza realizó una serie de disertaciones íntimas, compartiendo con el público algunos momentos de su vida y sus inquietudes literarias, en un diálogo ameno lejano a posiciones intelectuales. Mendoza procedió así tras reconocer que ha presentado este libro demasiadas veces y que ya no sabe qué decir.
Mendoza reconoció que su vida no es muy literaria, e incluso la consideró aburrida, por lo cual no ha sido de allí que ha venido su vena narrativa, sino la imaginación.
También afirmó que todos los experimentos formales de los que habló Muñoz Vargas, fueron producto de una “Voluntad de Estilo”, voluntad dirigida por las lecturas a Joyce, Fernando del Paso y Juan Rulfo, según los mencionó el propio Mendoza.
Para concluir, se reconoció un ávido lector de poesía y afirmó que la empresa de recrear un ritmo, un tono, una intencionalidad poética desde una prosa en apariencia sucia, ha sido su gran objetivo estético.
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