ABC.ES / Madrid.- No es frígida, ni puritana, ni lesbiana ni fea, pero sí conservadora y terca con sus valores. Y con su convencimiento de que el día que se entregue a un hombre será por amor. El himen intacto no es condición para ir al altar vestida de blanco, eso lo tiene claro, pero mientras espera a su «príncipe azul», la venezolana Vivian Sleiman teje su historia de cómo llegar a los treinta sin haber conocido hombre.

En un país donde es frecuente que las niñas de doce y catorce años hayan perdido la virginidad, o donde las muchachas venden en internet su primera vez por miles de dólares, el caso de Vivian parece tan atípico que ella misma decidió relatar su vida en un libro.

«Virgen a los treinta» lo escribió en tan solo cuatro meses. «Escribirlo fue para mí una catarsis», tras señalar que quiere contar su vida, pero sin pretensiones literarias. Su relato se lee como el sencillo diario de una bella joven que cuenta su experiencia con el sexo opuesto desde la determinación de «preservar la virginidad hasta encontrar el amor verdadero».

Todo un éxito en Venezuela: los 8.000 ejemplares de su primera edición se han agotado en cuestión de días, en un país donde lo normal en un lanzamiento editorial no pasa de 1.500 ejemplares. Con su buen tino para el relato y la promoción, Vivian Sleiman ha hecho de su virginidad un filón empresarial.

La caraqueña avenida Las Palmas, donde se encuentra su oficina de promoción de eventos protagonizados por artistas, está tapizada de letreros y carteles para la difusión de su libro. La comercialización de este relato se lleva a cabo en todo tipo de medios de comunicación. Y ella misma dirige su propia campaña. Por algo es la directora de «marketing» y relaciones públicas de su empresa familiar.

De raíces musulmanas y cristianas, Vivian es la hija menor de cuatro hermanos varones. Sus padres, libaneses, se establecieron en Venezuela y se divorciaron cuando ella tenía tan solo doce años. Su madre, Blanca, a quien Vivian considera «una santa porque solo ha besado a un hombre, que es mi padre, a pesar de que no lo amaba», tuvo que hacerse cargo de la manutención de la familia, vendiendo comida árabe.

Cuando trabajaba como barbero del Rey de Arabia Saudí, Faisal bin Adbelaziz, su abuelo se negó a que su madre fuera vendida al monarca. De haber aceptado el trato, habría terminado formando parte de un harén árabe. Lo cierto es que su madre ha sido una fuerte influencia para Vivian. Su progenitora la acompaña a todas partes haciendo de carabina, como si fuera la orgullosa madre de la Brooke Shields, a quien Vivian se da un aire.

Alta y espigada. Piel blanca y cabello negro. Mide 1,79 metros. Trabajó como modelo durante siete años para pagarse sus estudios de nutricionista en la Universidad Central de Venezuela. Sus medidas eran 90-60-90, las de la mujer perfecta, cuando participó en el concurso de Miss Venezuela en 2001. Aunque se retiró cuando uno de los sujetos del jurado quiso llevársela a la cama como condición para alzarse con la corona.

Toda una historia de excepción en una Venezuela que encabeza la lista en Suramérica de embarazos precoces de menores de dieciocho años. Hasta el punto de representar un 20 por ciento de los 500.000 nacimientos registrados anualmente. De ahí que Vivian Sleiman asegure que está dispuesta a participar en charlas pedagógicas en los colegios para sensibilizar y educar a las adolescentes sobre su experiencia virginal. Por el momento, su libro se vende como rosquillas. Las muchachas incluso lo prefieren a Harry Potter.