Cientos de familias, miles de personas, hombres, mujeres, niños, ancianos, enfermos discapacitados, desafiaron los gélidos vientos mientras hacían fila, de manera ordenada, esperando con cariño la bendición espiritual del Santo Padre, manifestado en cuerpo entero, con su alba vestimenta y su esencia en unas gotas de sangre depositados
en su pectoral.
Desde las siete de la mañana, la presencia del beato Juan Pablo II se dejó sentir en la medida que acompañado del obispo Alonso Garza Treviño, era conducido al centro del templo Guadalupano, a la Virgen que el Papa Peregrino demostró siempre con amor y cariño una profunda devoción durante las cinco visitas que hiciera a nuestro país.
La gente congregada adentro y en el exterior del templo con la mirada puesta en el rostro del Sumo Pontífice del cual emanaba una gran paz, pero también felicidad, con sus rosarios, estampas con la imagen del Papa, de la Virgen de Guadalupe, esperaban su turno para tocar el cristal que resguarda sus restos.
Mirarlo y tocarlo despertó en muchas personas profundos sentimientos y emociones, hasta las lágrimas, entre rezos, súplicas, que con mucha fe, amor y cariño le profesaron al Santo Padre.
Su visita a nuestra región es histórica. Nunca antes un Papa había pisado estas tierras. Su presencia espiritual cobraba vida gracias al pensamiento y los rezos de la gente católica que no pudo contener el llanto por esta conexión con el Papa Amigo de la Familia Mexicana.
Precisamente, con el acorde musical y la entonación de la canción “Tú eres mi hermano del alma, realmente un amigo…que en todo camino y jornada estás siempre conmigo…”, por parte del coro musical de la parroquia, emocionaba estos inolvidables momentos mientras rezaban con el Papa y recibían su bendición espiritual.
| Comparte ese artículo: |
|



