En vida, los mineros sufren el abandono de una ley cuya aplicación depende únicamente de los dueños de las minas que se enriquecen con esta forma de explotación, y que en muerte, sus deudos soportan desde que abandonen sus cuerpos en el fondo de una mina o que tras su rescate las empresas les regateen una pensión.
Tres madres y viudas, integrantes de la organización Familias Unidas Pasta de Conchos, hablan de la tragedia minera que sólo por ahora tiene como escenario de fondo toda la atención y recursos de las autoridades, mismas que se irán, en cuanto rescaten –si se logra– el último cuerpo de los caídos el martes en el pozo tres de la mina El Sabino, propiedad de BIMSA.
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