Saltillo, Coah.- El músico y pintor José Fors agregó, durante la más reciente década, un epíteto más a su nombre: cazador. La mezcla de esos tres elementos ha arrojado una obra con mirada nueva, que se inauguró la noche del viernes en las galerías del Icocult, en el marco del festival Rockoahuila.

Pincel y paleta en mano, desde el 2000 Fors ha ido tras la búsqueda de un lenguaje propio. Ha sido un proceso de volver a ser alumno, pero con un desgajamiento y una exigencia tal que más bien vemos a un cazador, un gambusino, por el riesgo que implica enfrentarse a lo desconocido.

“Es un proceso que ha venido dándose desde el 2000, cuando me di cuenta de que todo lo que estaba colgado en mi casa no tenía nada qué ver con lo que yo estaba haciendo. Me cuestioné mucho. Fueron 20 años de un realismo muy riguroso del que ya me sentía cansado.

“A mí lo que me pasó fue el miedo de saber que esa naranja (su trabajo anterior) ya no tenía jugo. No sabía para dónde iba el asunto, lo único que sabía era que tenía que soltarme, salirme de ese rigor; necesitaba hacer algo más que poner un personaje en medio del cuadro. Me interesaba más el asunto de la composición, el movimiento, el color”, afirma.

El resultado de ese proceso es una obra nueva, radicalmente distinta de su trabajo anterior, y que apela a una lectura mucho menos explícita. Mucho más conectada con la entraña, con el cuerpo (vía del movimiento) y mucho más luminosa.

“Este es el resultado de 10 años de experimentar, de buscar un lenguaje propio. En el último año he sentido que las cosas han cuajado más. Cuando comencé con este periodo fue como volver a la escuela. Se me abrieron muchas puertas, muchas ventanas. Obviamente lo primero que entró fue luz a mi obra. Empecé a trabajar con un poco más de color”, comenta Fors.

Este cambio de discurso en Fors provino de una inquietud natural hacia la exploración de nuevos caminos; también de la necesidad de entender mucho mejor los metalenguajes plásticos.

Sobre todo partió de una reflexión respecto de su propia obra, reflexión nada fácil que lo llevó a reconocer que antes no había un pintor que lleva el lenguaje plástico al extremo, sino el de un creador que sólo usaba la pintura como plataforma para vaciar otra cosa.

“La búsqueda fue la de un idioma propio. Con el realismo no podía despojarme del sentimiento de ilustrador, de contador de cuentos. Toda la gente, todas las críticas se iban sobre los rostros y el rollo psicológico del personaje, la historia. Entonces lo que quise fue quitarme esa lado de ilustrador y empezar a adentrarme más en el idioma plástico”, afirmó.

Y por otro lado, la exploración subsecuente no fue sólo el pretexto para cambiar de tesituras: será también, para Fors, la consigna a seguir.

“Juré en el 2000 jamás volver a estacionarme. Entonces, por más que sienta que ya está cuajando algo, igual voy a comenzar una nueva búsqueda”.

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