Su trabajo como voceadora permite a Beatriz Plata vivir al día, así que esperar la Navidad no es más que el deseo de vivir mejor, porque realmente no hay dinero, ni para los regalos ni para la gran cena.
En su tejabán tres colchones yacen sobre el piso, mientras que Abril, su bebé de ocho meses, la ve como si estuviera esperando sus brazos; Teresita y Monse parece que se acaban de levantar, sus cabellos dan muestra de que hace días no conocen el agua y es que en la colonia llega muy poca.
En estos días su pequeña mesa no ha estado muy surtida de comida, si acaso sopas de fideo. La esperanza es tener algo de dinero para cooperarle a su mamá, que hará la cena de Navidad, pues de lo contrario quizá pasen el día como cualquier otro, bajo las láminas de su tejabán.
Desde Estados Unidos el papá de las niñas se comunicó con la más grande, Carol. “Me dijo que me quería, que aunque no lo viera que él me seguía queriendo”, dice la niña, pero la realidad es que su padre desde hace mucho no se ocupa de procurarles lo indispensable y mucho menos los regalos de cada Navidad.
“Ellas me dicen que quieren que una bicicleta, que un diario, una muñeca, pero pues de dónde”, se cuestiona la joven madre, quien recuerda que al menos el año pasado en la Nueva Esperanza se organizaron todos para tener una posada, pero esta vez será diferente.
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