Rosa Martínez Ovalle cuenta que desde que hace más de 25 años hace un altar en honor a la Virgen de Guadalupe, costumbre heredada de su madre; hace cafecito, chapurrado, tamales y se organizan danzas para todo aquel que con devoción acude a su domicilio.
Este año lo ofrece por una de sus nietas, a quien le detectaron cáncer de pecho, pero gracias a la intercesión de la Virgen el tumor no fue cancerígeno.
“Estoy por hacerle la capillita, si Dios me ayuda; esta vez le paré a la construcción por la cuestión económica pero espero pronto terminarla”, dice la señora Rosa.
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