Con su bicicleta a cuestas por senderos abruptos o empujándola sobre caminos empinados, así atravesaron el país de costa a costa, por casi 400 kilómetros Luis, José, Félix, Gerardo y Benito.
El trayecto de cuatro días comenzó como un desafío personal; hoy saben que la prueba rebasó lo deportivo en esencia, luego de tocar fibras muy sensibles en ellos a causa del dolor, la fatiga y la exigencia del recorrido.
MÁS ALLÁ DEL CICLISMO
“Es una experiencia que va mucho más allá del ciclismo”, destacó Gerardo Padilla. “Para llevar tu cuerpo al límite, la experiencia deja de ser ciclista, se vuelve un reto personal, una experiencia de vida”.
Como un grupo de alpinistas después de alcanzar la cima del Everest, los cinco atletas narraron con entusiasmo su hazaña, lo vulnerables que fueron y la derrota en la que pensaron a cada instante.
“Tenías que arrastrar el cansancio del día anterior. Llegabas muerto, te dormías, te dolía todo y no te podías ni agachar. Pero al siguiente día te estaban despertando los otros a las 4 de la mañana”, continuó Gerardo. “El desgaste que traías en el cuerpo era brutal”.
Sin embargo, el apoyo entre ellos y el de sus familias fueron motivación suficiente para salir aquel 2 de noviembre de la ciudad de Playa Jacó y cruzar la última meta tres días después. “Se hizo una fraternidad muy fuerte entre nosotros a raíz del recorrido. Éramos muy buen grupo de amigos, pero esta ruta vino a unirnos más, a fortalecerla”, resaltó José Luis del Bosque.
Era tal el grado de concentración y cansancio, que algunos rompieron en llanto apenas rodaron tras la línea de llegada. “En mi caso, cuando ibas llegando a la meta, se te salían las lágrimas”, agregó Gerardo.
¿Era la meta final?
“No, en la de cada etapa. Te ponías a llorar porque era tal el esfuerzo que venías haciendo, que te ganaba el sentimiento”.
Algo que nunca se borrará de sus mentes es la calidez de los “ticos”. “Es todo un evento nacional en Costa Rica. La gente sale a apoyar a todos. Te va gritando. Es gente muy cálida, de mucho corazón, que te apoyaba sin conocerte”, recordó Benito Canales. “Salía de sus casas para aplaudirte, mojarte por tanto calor. Sacaban las mangueras para bañarte, los niños te daban la mano”.
SATISFECHOS Y CANSADOS
Con su medalla en el cuello y el uniforme del club ciclista limpio, el grupo de amigos ahora presume su proeza en la comodidad de una oficina, aunque la mayoría sufrió alguna leve enfermedad como la gripe por la caída de sus defensas tras los últimos 15 días de descanso.
Hoy discuten en volver a pedalear. Días antes luchaban juntos por sobrevivir a las condiciones intensas del clima y terreno de Costa Rica. “Todos nos quedábamos en la meta hasta que llegara el último”, añadió Félix de León, en consideración a la amistad que los mantuvo unidos y en pie de guerra.
Pese a las dudas, es segura su participación en febrero de 2012 para la Vuelta de Nuevo León. Después de competir en ella fue cuando pensaron en dar el salto a la Ruta de los Conquistadores.
“Somos aficionados al ciclismo y la afición se fue haciendo más grande al punto de llegar a este reto”, dijeron. “Después de la Vuelta se buscó un nuevo interés, pero fue un brinco extremo”.
Volcanes, selva activa, granjas, campos de café, bosques y pequeñas aldeas fueron parte del paisaje que vieron los pedalistas. También notaron cuando otros desistían, como el ex futbolista Rolando Fonseca.
“Vio el anuncio de la ruta, se compró una bicicleta y el primer día a las dos horas abandonó”, mencionó José Luis. “Se lo llevaron en ambulancia y ni siquiera terminó”. El famoso ariete fue Rolando Fonseca. “Luego en la carrera decían que se ‘fonsequeó’, agregó.
-¿Cómo vivieron esa experiencia?
“Es muy distinto por el clima, la exigencia de la misma carrera es muy pesada. Aquí no hay algo que se le asemeje.
“Había un tiempo límite para llegar a la meta. Son cuatro etapas y cada día tiene una hora de salida y una hora máxima de llegada. El primer día, que fue el más difícil, batallamos más”.
-¿Se enfrentaron situaciones nuevas como ciclistas?
“Todo fue nuevo. El hecho de pedalear en un clima con mucha humedad, la condición del ambiente y el terreno. El primer día atravesamos la Reserva (Parque) Nacional Carara. Es pura selva, donde son más de tres horas caminando en agua y lodo, empujando la bicicleta, otras cargándola. “Está tan tupido que nunca le pega el sol al suelo”, dijo Benito. “Está muy húmedo”.
“Y el último día nos tocó rodar 15 kilómetros arriba de una vía del tren y luego 12 km en arena”, externó Gerardo. “Era un día de 120 km, era lo suavecito para llegar a la meta y en los últimos 20 el terreno era muy complicado.
“Entrenamos aquí en un clima seco y allá vamos a rodar a un lugar donde persiste un clima con 50 ó 60% de humedad porque llueve casi todos los días”, añadió Félix de León. “Sientes que respiras vapor, te sofocas”.
“Está documentado que esta ruta está considerada dentro de los 10 ultramaratones y retos más difíciles del mundo y no hay ningún ‘Iron Man’ ahí, para que vean la magnitud de la carrera”, dijo Benito.
“Tuvimos que llevar cuatro uniformes para usar uno cada día porque el diario queda de color café”, informó Gerardo. “Lo echabas en una bolsa porque no te servía. Hay que llevar varios pares de zapatos porque se te empapaban”.
“Todo pesa todo el día. Para la mecánica debemos traer refacciones porque te quedas en medio de la selva y quién te lleva”, enlistó Gerardo. “Traes cámaras, bombas, llantas, herramientas, agua de sobra y pastillas de sal para no deshidratarte, barras de granola o chocolate”.
-¿Alguien en algún momento pensó que no llegaría?
“Todos en algún momento pensamos en decir ‘ya no’ a esta aventura”, dijo Luis. “Es un sobreesfuerzo”.
“Siempre existe el asalto negativo de la mente: ‘Párate, ya fue demasiado’”, agregó Félix. “Al día siguiente amaneces muy cansado y piensas: ‘no me quiero subir a la bicicleta’. Pero con el apoyo del compañero siempre pudimos revertir ese pensamiento”.
-¿Recomendarían la Ruta?
“Es tan brutal que no la recomendaría a un buen amigo. Si alguien te cae mal, entonces sí. Es tan pesado que es inexplicable, tienes que vivirlo”, afirmó Gerardo Padilla.
El dato
» Rodeado de montañas y volcanes, el Valle Central es más frío que la costa, con más lluvia en las partes más altas.
» El punto más alto en la expedición es el volcán Irazú, que se eleva sobre San José, en el borde oriental del Valle Central, y alcanza 3.432 metros.
» Volcanes, selva activa, granjas, campos de café, bosques y pequeñas aldeas formaron parte del paisaje que presenciaron los cinco pedalistas.
» Deshidratación, mala alimentación y problemas mecánicos son algunos de los factores por los que algunos atletas abandonan la Ruta de los Conquistadores.
» Agradecieron a Jesús Orozco –como head coach–, Juan Carlos Malacara, Felipe Benavides, Pillo Farías, Gerardo Valdés y Carlos Hernández.
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