Abro los ojos poco a poco. Un aire cálido choca en mi cara. A lo lejos puedo contemplar lo que imagino es el mar del Caribe. Cuando me animo a voltear hacia abajo veo metros y metros de selva desfilando bajo mis pies.
Finalmente contemplo mi isla de aterrizaje. Alguien a lo lejos me hace señas con los brazos y cuando menos lo pienso aterrizo de golpe.
Todavía no me repongo del primer vuelo y ya me preparo para la última caída, ésta reserva un momento especial, lo descubro cuando desciendo a toda velocidad y mis pies entran en contacto con el agua de un cenote antes de cruzar (volando) una cascada.
Los 3 kilómetros de tirolesas –una con aterrizaje acuático– son apenas el principio de la aventura en Xplor, el nuevo parque de grupo Xcaret, ubicado en el corazón de la Riviera Maya.
Hace millones de años...
La historia de Xplor –inaugurado apenas en julio pasado– comenzó hace 65 millones de años, cuando un meteorito cayó en Yucatán dejando una cuenca que con el tiempo formó las cavernas que abundan en la región.
Estas formaciones fueron aprovechadas por los creadores de Xplor para construir un mundo de aventuras en el que se puede explorar, entre otras cosas, las cavernas que durante años estuvieron ocultas bajo la tierra.
Xplor está situado a las afueras de Playa del Carmen, sobre la carretera Federal 307, junto a Xcaret. Aunque el acceso es fácil en autobús o taxis, el parque también ofrece paquetes que incluyen transportación desde Playa del Carmen, Cancún y Playacar.
La aventura incluye cuatro actividades: tirolesa, paseo en anfibios, balsas y río de estalactitas.
Por tierra
Luego del vuelo en tirolesa, un transporte anfibio me esperaba para llevarme hasta el corazón de la selva.
La enorme masa verde se fue abriendo a nuestro paso para mostrarnos sus secretos. Cientos de árboles de mediana estatura, apretujados, enredados entre sí. Y, más allá, el sonido de la naturaleza.
De pronto una enorme boca nos absorbe junto con el anfibio en el que viajamos y nos interna en una cueva de formaciones impresionantes.
Después de eso parece que no hay más que decir, pero el parque aún me tenía reservadas más sorpresas. Un encuentro, bajo tierra, con los secretos que la Riviera Maya guarda en sus entrañas.
Secretos subterráneos
Equipada ya con salvavidas me dispongo a cruzar el río subterráneo. En un principio el agua helada me congela las piernas, pero no tardo en aclimatarme, o en olvidarlo, cuando observo el espectáculo
subterráneo.
Estoy presa entre filas de estalactitas y estalagmitas que parecen no tener fin. Y de fondo el sonido apresurado del fluir constante del agua.
Agotada ya –por el cansancio y por aquel festín visual– me dirijo a mi última actividad: el paseo en balsa.
Aún sin saber remar, este paseo fue un recorrido que valió la pena no perderme.
Me dejé deslizar por aquellas aguas milenarias. En ese lento fluir me di la oportunidad de conocer a qué huele el interior de la tierra y de admirar, de nueva cuenta, la arquitectura natural que guardan las cavernas. Sobra decir que mi asombro nunca consiguió extinguirse.
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