Lo anterior sin considerar que los aumentos a otros impuestos aprobados por los muchachos de San Lázaro fueron ratificados por los inquilinos de Xicoténcatl (el alud de IEPS), en espera de hacer lo propio con el ISR y demás “contribuciones”, amén de los aumentos en precios y tarifas del sector público y sus consecuencias en lo mismo, pero del sector privado. Parece que el único rechazo (limitado) es el que hasta ahora los senadores han brindado al impuesto a las telecomunicaciones. Lo demás adelante, pero nomás tantito. Entonces, mucho rollo, más grilla, para llegar al punto de partida: Más impuestos, haya sido como haya sido; un fardo adicional a las de por sí deterioradas finanzas de los mexicanos, a cambio de nada: Sin crecimiento económico, sin empleo, sin bienestar social, pero eso sí con una burocracia cada día más obesa, ineficiente y voraz, y un gran capital cada vez más libre de hacer lo que le venga en gana sin consecuencia alguna y, lo más sabroso, sin pagar un solo centavo de impuestos.
Y si este panorama fuera novedoso, bueno, cuando menos habría que festejar que algo fresco se registra en el acontecer nacional, pero lamentablemente la de las “medidas dolorosas, pero necesarias” es una historia que en los últimos 30 años se ha repetido hasta la náusea (año tras año, paquete económico tras paquete económico), siempre ondeando la bandera de que “ahora sí retomaremos la senda del crecimiento y el desarrollo”, con el resultado por todos conocido y padecido.
Ésta sería la tercera vez en 26 años (1983-2009) que la tasa del IVA se incrementa “temporalmente”: La primera, en el arranque del gobierno de Miguel de la Madrid, cuando aumentó de 10 a 15 por ciento; la “temporalidad” se prolongó ocho años (1983-1991), cuando la regresaron a su nivel original (10 por ciento); el gusto sólo duró un cuatrienio, pues, por imposición de Zedillo, en marzo de 1995 los diputados y senadores retomaron el camino de la “temporalidad” y dicha tasa regresó a 15 por ciento, medida “transitoria” que persiste hasta nuestros días (14 años más tarde). Ahora, con la neurona desatada (creatividad ante todo) al gobierno calderonista y a los legisladores no se les ocurrió mejor idea que ponerle nueva “temporalidad” a la tasa del IVA: de 15 a 16 por ciento “sólo por un año” (aunque es obvio que su calendario no es precisamente el gregoriano).
Pero no sólo lo “temporal” y “transitorio” en materia fiscal se ha hecho eterno. También la “argumentación” de Gobierno y legisladores para justificar el asalto a los mexicanos de siempre. Un repaso por el sesudo “razonamiento” y el profundo “análisis” que Gobierno y legisladores (algunos de ellos de nueva cuenta instalados en San Lázaro) utilizaron 14 años atrás para justificar el aumento a la tasa del IVA nos da una idea de lo mucho que han avanzado, del sustancial paso histórico por ellos dado en “beneficio de las mayorías” y, desde luego, “sin fines recaudatorios” (cualquier parecido con lo que hoy arguyen no es mera coincidencia).
Va pues: “No ignoramos ni podemos soslayar la reacción social ante el impuesto. A nadie le gusta que se aumenten los impuestos, menos cuando se trata de un gravamen que afecta a todas las capas de la población, que enfrenta circunstancias de desempleo, reducido poder de compra y reprimida actividad económica… Ahora bien, el pueblo ha demandado que los sacrificios deben ser parejos para todos los elementos de la sociedad, por ello se han exigido dos condiciones: La primera, que el Gobierno también se sacrifique, que reduzca su gasto y que se supervise, que el dinero no se dilapide, que los recursos no se desvíen por funcionarios corruptos. Que no se diga que sólo se va por más impuestos, el Gobierno había decidido recortar su gasto en 10 por ciento. Pero sobre todo, se propone suprimir cuatro secretarías de Estado: Reforma Agraria, Energía, Turismo, Contraloría, sin desde luego suprimir aquellas funciones importantes que éstas realizan. Esto es adicional a una drástica reducción de gasto.
“Se piensa erróneamente que esto es para beneficiar al Gobierno y no al pueblo. Esto es falaz, más ingresos permiten gasto social, inversión pública y sostenimiento de empleos. Algo que no se ha reconocido es que el aumento del IVA fortalece las finanzas de estados y municipios, significa un incremento de participaciones (…) que se pueden aprovechar localmente para inversión, sostenimiento de empleo”.
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