Eulalio Gutiérrez Treviño terminaba su sexto informe, en la Escuela de Agricultura (hoy Universidad Autónoma Agraria Antonio Narro), con un reconocimiento al tesorero Carlos Ayala por el manejo financiero. Era noviembre de 1975. De regreso a su lugar, el secretario de Hacienda, Mario Ramón Beteta, le susurró unas palabras que le endurecieron la expresión. El representante del presidente Luis Echeverría le preguntó cómo pagaría el estado los 350 millones de pesos del Impuesto Sobre Ingresos Mercantiles que había dejado de enterar. El gravamen lo cobraban entonces las tesorerías estatales.

El gobernador enfureció, cuentan testigos. Llamó a Ayala y el tesorero confirmó 500 de la deuda. Con ese faltante, los pasivos subían a 500 millones de pesos. Los recursos del ISIM se habrían invertido en obras. Entre otras figuraba, al parecer, una pista aérea en Ocampo, municipio donde el populista Echeverría deseaba pasar su penúltima Navidad como presidente, la de 1974, con los campesinos del desierto. Así se las gastaba.

Al final aterrizó en Cuatro Ciénegas y el viaje a Ocampo se hizo por carretera. La sucesión estatal llamaba a la puerta. Algunos sectores del gobierno de Gutiérrez Treviño se inclinaban por Melchor Sánchez Jiménez, que había sido secretario particular de Echeverría o por cualquier otro (Atanasio González, Guerra Castaños, Eliseo Mendoza…) menos por Flores Tapia, el amigo y favorito del presidente.

Un año después, con Flores Tapia a punto de asumir el poder y la deuda al descubierto, el escándalo estalló. Coahuila iniciaba un nuevo sexenio con el mayor pasivo de su historia. Las negociaciones para liquidarlo corrieron a cargo del futuro gobierno, cuyo titular hizo del tema una bandera.

No se ejerció acción penal contra los responsables del fraude, pero Ayala abandonó el estado. En la Ciudad de México colaboró en Somex y en otras instituciones. Tras varios lustros regresó a Saltillo para atender negocios personales. En el gobierno de Enrique Martínez, subordinado de Ayala como director de Ingresos de la administración treviñista, el ex tesorero ocupó la dirección del Instituto del Deporte.

Gutiérrez Treviño falleció de un infarto el 14 febrero de 1977, cuando aún no se apagaba del todo el escándalo del endeudamiento. Hombre apreciado y honorable, jamás se le acusó de excesos o de irregularidades financieras. Su error fue descuidar las finanzas del estado.

La administración de Flores Tapia solventó la deuda, una parte de la cual se habría condonado, y entregó finanzas sanas. El gobernador renunció 111 días antes de terminar su mandato, como resultado de las presiones ejercidas por el presidente López Portillo. Su separación del cargo fue forzada con acusaciones de enriquecimiento ilícito. Para no hacer quedar mal al presidente, la Procuraduría General de la República, entonces a cargo de Óscar Flores Sánchez, le confiscó algunas propiedades de valor simbólico. Murió el 11 de julio de 1998 sin grandes riquezas. Hoy se le recuerda como “el constructor del Saltillo moderno”. El PAN fue el primer partido que lo reivindicó. Así se escribe la historia.

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