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La recomendación mundial, incluso de organismos como el FMI, ha sido la de recurrir a políticas contracíclicas, en particular la fiscal, en la medida de las posibilidades… ¿Cuáles son las nuestras?

Concluido el receso navideño, habrá que ubicarnos en nuestra triste y complicada realidad económica que estaremos enfrentando este 2009 y probablemente 2010 y habrá que reanudar la discusión sobre el camino a tomar en los siguientes días o semanas.

Hay que estar conscientes de que la crisis mantuvo su desarrollo durante estas dos últimas semanas de asueto y en los próximos días empezarán a fluir las cifras de variables clave para diciembre y el cierre de año, lo que permitirá mayor claridad sobre las condiciones del enfermo.

Creo que un primer paso importante es que la autoridad haga pública su valoración sobre el comportamiento de la economía y sus principales variables para este 2009.

Prácticamente todos los analistas han ajustados sus previsiones, no así el gobierno, y esto es fundamental para poder contar con un punto común de partida sobre el tipo y magnitud del problema a enfrentar. Esto además permite sentar las bases para revalorar las políticas macroeconómicas aprobadas en diciembre pasado, en particular la fiscal. Por ejemplo, si bien existe la famosa cobertura sobre el precio del petróleo presupuestado en 70 dólares, no ocurre lo mismo con otros ingresos fiscales. Una menor actividad económica a la asumida significará una menor recaudación impositiva. Una fuerte contracción en el consumo conducirá a un menor ingreso por IVA, y una importante reducción en la producción y empleo afectará al ISR. Supongo que el mantener el aumento en el precio de las gasolinas a pesar de que se está ampliando el diferencial con Estados Unidos (nosotros arriba) es una medida precautoria para este problema de ingresos, pero será limitada. En estas circunstancias, ¿mantendrá el gobierno su posición de un gasto contracíclico? Por cierto, este aspecto también muestra en cierta forma las limitaciones de nuestra estructura fiscal para tomar acciones adicionales como se cree podría suceder.

De todos modos, sobre las acciones a considerar en la discusión, el consenso de la literatura internacional las ubica en dos grandes grupos: a) medidas para recomponer el sistema financiero y b) medidas para recuperar la demanda y restablecer la confianza. Por cierto, esta ya no es sólo una discusión en las economías industrializadas, sino que se ha extendido a todo los países, incluso bajo el “patrocinio” de los organismos internacionales. Destaca en este caso la posición que ha asumido el FMI, que aconseja la adopción de paquetes de estímulos fiscales óptimos a tiempo, grandes, durables, diversificados, contingentes, colectivos y sostenibles, además de otorgarle peso importante al gasto público (en mi blog “Tintero Económico Diario”, wwwtinteroeconomico.blogspot.com he comentado con más detalle estos y otros temas). Sin embargo, también señala que esto deberá valorarse de manera individual por cada país de acuerdo con sus márgenes de acción y su posición fiscal. ¿En qué posición está nuestro país exactamente, después de que en los últimos años se nos ha dicho que hemos logrado una mejor posición macroeconómica y consolidado nuestras finanzas públicas? Este deberá ser un punto de cuidadosa valoración.

Pero el énfasis en la política fiscal se deriva en gran parte del hecho de que la mayoría de los países industrializados han venido actuando agresivamente con sus políticas monetarias y éstas prácticamente han llegado al límite, ahora con tasas cero o casi cero. Esto no ha sucedido en los mercados emergentes, por lo que la presión para que los bancos centrales disminuyan sus tasas aumentará. ¿Cuál será el margen? No hay que olvidar que en el caso de estos países, a la crisis financiera y económica hay que agregar la crisis en el mercado de divisas, y es donde se establecerían probablemente las mayores limitantes. A partir de octubre pasado, los procesos de desapalancamiento y la búsqueda de refugios seguros han provocado salidas de capitales e importantes depreciaciones en sus monedas, y México no es la excepción. La reacción del Banco de México subastando reservas internacionales probablemente ha mitigado este impacto, pero no fueron suficientes para evitar una pérdida de valor del peso de alrededor de 30%. Si bien las causas iniciales de la inflación a principios de 2008 han desaparecido (alimentos y combustibles), aún no sabemos exactamente el impacto derivado de la depreciación de la moneda (traspaso). El dilema estaría en cuánto podría reducirse la tasa para contribuir en los esfuerzos contracíclicos, pero al mismo tiempo evitar incentivar una mayor depreciación. De nueva cuenta, un dilema que no es asunto menor.

Cómo vemos, los márgenes de acción en términos de política fiscal y monetaria no son realmente amplios, pero probablemente esto tampoco signifique que sean nulos. Seguramente estamos en un momento que probará las verdaderas capacidades de nuestras autoridades económicas pues los retos son bastante complicados.
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