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Guardo en mi memoria muchos buenos recuerdos del futbol americano, me pasé toda la infancia en el club Águilas Moradas (aunque ahora los que ocupan las instalaciones donde yo entrenaba se hacen llamar “Águilas de Saltillo”).

Mis limitantes parecían que nunca me dejarían disfrutar ese deporte. Fui un chavito más bien flaco que no podía ser linebacker (aunque me encantara dar golpes dentro y fuera de la cancha), un tanto lento en la carrera como para ser halfback, sin los huesos fuertes como para ser liniero; así que siempre me pusieron de quarterback y, aunque tener un brazo potente no era mi especialidad, mis coaches jamás se cansaron de repetirme que era el jugador más cerebral que hubieran conocido, también poseía una hermosa sangre fría para el puesto. En fin, que aquellos fueron años llenos de compañerismo y escenas de alegría deportiva (incluso me tocó ser Tetra-Campeón).

Hasta hace poco pensé que esa liga (la AFAIS) sólo me regalaría satisfacciones, pero no fue así. Conforme entré en el periodismo me he ido enterando de muchísimas broncas entre directivos, coaches y padres de familia, la lista es larga, de tal suerte que sólo mencionaré lo último que llamó poderosamente la atención cuando fui a presenciar un partido al Estadio Antonio “Yaqui” Heredia: la pizarra electrónica no funcionaba.

Por mi natural curiosidad anduve preguntando entre los asistentes desde cuándo ese aparato estaba así, como una pieza arrumbada en un taller mecánico, y varios me contestaron que desde hace más de un año. ¡Me fui de espaldas!

Si usted se pregunta por qué, es muy sencillo, sólo hay que hacer un poco de matemáticas. Si consideramos que el presidente de la Liga, Ariel Chacón, recauda una cuota de inscripción a cada niño que juega en cualquier club de $250 pesos (aprox.) y pensamos que por equipo hay un promedio de 25 niños en cada categoría (en la temporada infantil hay 5 categorías) y hay 13 “franquicias” en AFAIS, deducimos que al señor Chacón le llegan algo así como $406, 250 mil pesos en cada temporada, ¡que le son insuficientes para mandar arreglar la pizarra!

De ahí saque usted, si este tipo de gente se meten a dirigir ligas por amor al deporte. Pero si eso fuera lo que les importara, tratarían de hacer sentir a los niños todos unos profesionales, que cuando llegaran a las diagonales vieran cómo cambia el marcador de forma automática, justo como en la NFL (total, el aparato ya lo tienen). ¡Uuuts, de chamaco yo me habría sentido Ben Roethlisberger!
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