La narrativa norteamericana ha incidido siempre en un afán totalizador: piénsese en el eco bíblico de “Moby Dick”, el mosaico costumbrista de Mark Twain, las oscuras sagas de Cormac McCarthy o la desmesura formal y cuantitativa en los ladrillos del esquivo Thomas Pynchon.

Lo que natura da

En esta genealogía está inscrita la más poderosa reflexión acerca del poder, de sus destellos y sus monstruosidades, en la literatura norteamericana del siglo 20. Baste decir que esta novela es una suma de rarezas. Un libro acerca del Sur de casi mil páginas escrito desde la frontera con Canadá. Un tratado sobre la política y la naturaleza humana hecho por un poeta que se ganaba la vida como profesor. El único autor que ha sido reconocido con el Premio Pulitzer en el género de novela (1946) y dos veces en el de poesía (1957 y 1979). Se ha dicho ya que el poder no corrompe al hombre, sino que sólo revela lo que el hombre en el fondo es.
Robert Penn Warren utilizó la política como ruido de fondo para hablar acerca del idealismo y la culpa, del amor y la corrupción, y sobre todo, del poder, la redención y la inevitable caída.

Ascenso a la cruz y Descenso

“Todos los Hombres del Rey fue publicada por Robert Penn Warren en 1946. Ahí cuenta la vida de un self made man (otra obsesión americana), las peripecias de un humilde profesor pueblerino que mediante una voluntad implacable llega a la cumbre del poder político, volviéndose gobernador de su estado, sólo para contemplar cómo la fuerza destructiva de la ambición irá demoliendo su espíritu. El autor refirió que su personaje fue inspirado en un personaje real, el controvertido gobernador de Louisiana Huey Long, que en la década de los 30 desplegara su eficaz retórica populista para ser idolatrado por las multitudes y al mismo tiempo acusado por sus adversarios de ser un personaje autoritario que buscaba mantener su poder sustentado en el chantaje y la corrupción. Esta crónica del ascenso y de la caída está contada a través de una eficiente voz narrativa, en un exquisito juego de inteligencia y belleza. Amparado en su finísima erudición, y mediante la figura de un narrador testigo, Warren logró un fascinante retrato de un personaje tan carismático como contradictorio, un seductor y un déspota, un defensor de las clases bajas capaz de los actos más nobles y también de las más aberrantes traiciones.

La boca del pez

El narrador catalán Juan Marsé lo ha dicho mejor: andamiar la ficción es como construir una fuente de verdad con ranas de cartón. Penn Warren sin duda lo sabía, la realidad son las penumbras y los fulgores de un circo demencial: en 1932 el gobernador de Louisiana Huey Long había apoyado a Franklin D. Roosevelt para la elección presidencial. Un año después rompió con él para armar su propia carrera a dirigir la nación. Se radicalizó. Creó el programa “compartamos nuestra riqueza” que con el eslogan “Cada hombre es un rey”, promovió la redistribución de los recursos en manos de las petroleras y grandes corporaciones en beneficio de los sectores más desprotegidos luego de la Gran Depresión. Medidas que sus enemigos tildaron de “socialistas”. En la cumbre de su inmensa popularidad un acero inexorable detuvo su voluntad de hierro: fue acribillado dentro del Capitolio del Estado. Dos días más tarde, a los 42 años, el orador implacable que en sus días luminosos pedía a las multitudes desarrapadas un martillo para demoler los poderes que los oprimían, balbuceó su último dicho: “Dios, no me dejes morir. Tengo tanto todavía que hacer”.
Su vida de claroscuros detonó la inmensa novela de Penn Warren, dos películas basadas en el libro: “El Político”, de 1949, merecedora de tres Oscares al siguiente año, donde su nombre mutó en “Willie Stark”, nombre también de la ópera del compositor americano Carlisle Ford, y la maravillosa adaptación a cine del 2006, “Todos los Hombres del Rey”, con un portentoso Sean Penn como el malogrado político, además de un maravilloso reparto conformado por Kate Winslet, Jude Law, James Gandolfini (“Los Sopranos”), Mark Ruffalo, Anthony Hopkins y una exquisita fotografía que resume lo dicho décadas atrás por el poeta Penn Warren: “en la sombra de la verdad, sólo la sombra es cierta”.

Bardo de las bardas

“Pero tú sabes que todo es imposible.

Que el glorioso pedestal, es también la sombra larga”.


Benito Taibo
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