¡Zaz!, en un abrir y cerrar de ojos, el siempre feliz inquilino de Los Pinos se dio cuenta que el delicado zapato de plano no embona ni a empujones, en el grotesco cuan deforme pie de su México de mentiritas y pasó a describir un México dramático, sumido en la precariedad absoluta y a utilizar, de nueva cuenta, la política del miedo y el chantaje para ver si así alguien le hace caso: Se acabó el petróleo, las finanzas públicas están en shock, los tijeretazos presupuestales están a la orden del día, el futuro nos alcanzó y para colmo, regresa la influenza y “no hay dinero para las vacunas”.
¿Qué haría un estadista ante una delicada situación como la que implica la nueva ola de influenza? De entrada, saldría a decir exactamente lo contrario: como sí hay dinero para las vacunas, como sí lo hay para generar empleo y sacar del hoyo a la economía; para recuperar a la industria petrolera, para crecer económica y socialmente, para impulsar la educación, para desarrollar a este país, entonces se pueden ir al carajo las exigencias financieras de todos los demás (clase política, los privilegios fiscales para los de siempre, el alquiler de imagen, los grandes salarios y prestaciones, la compra de votos, el corporativismo, la credencialización y el millón de etcéteras que atrofian a esta nación), porque antes no hay más que los mexicanos, el pueblo al que representó y dirijo.
Pero como Calderón ni en sueños será estadista y mucho menos representa a los mexicanos, entonces gasta más en su ajada imagen, en la compra de votos y apoyos; no deja de gastar en su proyecto de credencialización, no deja de soltar dinero a partidos y clase política en general, mantiene intocados los privilegios fiscales al gran capital y las prebendas al corporativismo. Entonces, obvio es que así no alcanza para las vacunas, ergo no alcanza para los mexicanos.
Del inagotable cuento de la lechera, pasó al chantaje descarado. Leemos en La Jornada (Claudia Herrera Beltrán): “Felipe Calderón apeló a la responsabilidad del Congreso para que apruebe su paquete fiscal, ahora con el argumento de que su gobierno no dispone de recursos para comprar vacunas contra la influenza A/H1N1. En el segundo día que hace campaña en los estados en favor de esta iniciativa (…), demandó dinero no sólo para erradicar la pobreza, sino también para enfrentar ´eventualidades catastróficas´; por ejemplo, para construir un blindaje sanitario. Lejos de la postura oficial expresada hasta hace poco de que México estaba preparado y contaba con fondos suficientes para enfrentar un nuevo brote de influenza, ahora el michoacano expuso que la compra de vacunas ´implica recursos económicos que no tenemos´ y debemos ´generarlos entre todos los mexicanos´”.
En realidad, lo que no tenemos y debemos generar entre todos los mexicanos es un estadista y no lo que vive en Los Pinos.
LAS REBANADAS DEL PASTEL:
Otra historia de terror, en la que, como siempre, el cliente de todas, pierde todas: “mi esposa y por consiguiente la familia, estamos siendo presa fácil de la inseguridad económica y de la voracidad de los bancos. Mi asunto empezó en junio de 2006. Debíamos a una tarjeta de crédito a nombre de mi esposa la cantidad de 28 mil pesos; unos meses antes, en febrero, se me ocurrió llamar por teléfono -solo así puede uno entablar asuntos con estas personas-; convine una reestructuración, y lo que trajo consigo no podría habérmelo imaginado, para nuestra desgracia.
En julio del mismo año pude hacer un trabajo el cual me redituó un dinero que utilice para, inocentemente, pagarles el TOTAL del adeudo (tenemos el comprobante del pago del mismo, 28 mil y tantos pesos) creyendo que así terminaríamos con esa deuda. No fue así y craso error, no dimos de baja la mentada tarjeta. Después de olvidarnos de este asunto (error) y creyendo que ya terminábamos con el mismo, continuamos nuestra vida (ya que después de esto ya no hubo estados de cuenta enviados por el banco) sin pensar más. A principios de 2008 fuimos notificados por un despacho jurídico que lleva los asuntos de adeudos de tarjetas de crédito que debíamos 3 mil pesos; nos comunicamos y nos arguyeron que era porque DEBÍAMOS la reestructuración convenida en el año 2006, total que no hubo más que decidirnos y llevar nuestro caso a la Condusef con el resultado pronosticado (están de parte de los bancos) de que teníamos que pagar por no haber dado de baja la tarjeta y por el adeudo de la reestructuración.
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