Luz portátil
Una rudimentaria máquina para fabricar tortillas de maíz en un mercado ambulante, una de esas famosas prensas de fierro vaciado presentes en casi todas las cocinas mexicanas. Eso y una idea. Un artista que piensa en la naturaleza compacta, portabilidad y nuevas posibilidades de un artefacto. Una máquina que no hace gorditas, pero sí grabados del tamaño de una tortilla.
Así surge el proyecto “Grabado Casero”, un taller que buscó conjuntar la parafernalia de la cocina mexicana con los protocolos del grabado. Estampas concebidas como “Comida visual”:
propuestas de 50 artistas coahuilenses que empezaron a cocinar sus visiones en pequeños grabados en un formato circular. “Probaditas de Gráfica Norteña” fue la primera exposición expuesta en el taller de “El Chanate”, en la ciudad de Torreón, y luego, en San Antonio, Texas.
Tortillas para ver
Rodando fue cobrando forma; se planteó juntar un kilo de grabados y aglutinarse en torno a paquetes, para ofrecerse como múltiple visión sobre la diversidad de la gráfica regional en torno a la cultura del maíz.
Ahora son 100 imágenes de una idea perfectamente cocinada, un vasto menú de exquisitas colaboraciones que van del grabado tradicional, heredero del famoso Taller de Gráfica Popular, hasta lo más contemporáneo del arte urbano y el street art hecho por artistas, ilustradores, diseñadores gráficos, tatuadores y estudiantes.
Imágenes acerca de la comida, los sueños, la ciudad, el dolor, el amor.
Agonía de los museos
Y si esto fuera poco, el proyecto propone una aportación más: el arte cabe en cualquier lugar.
Stickers que se apoderaron de fondas de barrio y esquinas. Etiquetas en mingitorios de bares, demoliendo la estúpida noción de que el consumo del arte es sólo para “público especializado”. Playeras, memoramas, calcas en la defensa de un autobús del transporte urbano.
Otra vez un proyecto colectivo, independiente, que propone nuevos lenguajes y vías de expresión. Un discurso que se agolpa y se contrapone, para el efímero comensal de gorditas, para el despistado peatón o el alevoso voyeurista, un modesto círculo encerrando una idea contundente, un grito pegado en la pared, una burla, una reflexión, un juego… una duda. Porque al fin de cuentas, de eso se trata el arte.
Bardo de las bardas
“A menudo, lo que nos niega el arte nos lo da gratuitamente el azar”.
Esopo
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