- No se requiere mucho esfuerzo, profesor. Así, como va.
- ¿Quiere decir que Estados Unidos puede acusar directamente a los ex gobernadores priístas?
- Claro. Igual usted o yo o cualquiera, podemos acusar públicamente a Obama de mentiroso o a los George Bush de asesinos?
- Sí, pero no nos los van a dar para juzgarlos.
- Porque no tenemos la autoridad.
- ¿Y Estados Unidos sí la tiene?
- Claro. En base a los tratados de colaboración conjunta entre los dos países para el ataque al crimen organizado, si el gobierno de allá tiene pruebas de que
éstos estuvieron coludidos con narcotraficantes, ellos pueden pedir la extradición porque se puede suponer que en sus tratos hubo arreglos para introducir
droga a la Unión Americana y esto les da facultades para querer someterlos a juicio en su territorio.
- Pero habría qué ver qué hay de cierto.
- ¿En qué?
- En lo que dicen de ellos.
- Algo debe haber si no, no lo dirían.
- ¿Por qué entonces nuestras autoridades no han dicho nada al respecto o por qué no han caído en esas mismas investigaciones?
- Por razones obvias,
profesor.
- No encuentro la
obviedad.
- No está muy lejos del más somero análisis.
- Explíquemelo. Porque en este momento las autoridades federales son del PAN. ¿Por qué no actuar contra los del PRI?
- Porque aquí a veces son cantineros y a veces son borrachos.
- ¿Quiere usted decir que si regresa el PRI al poder podría desquitarse de los panistas?
- ¿Ve usted como las respuestas surgen fácilmente si se hace uno las preguntas adecuadas? Debe parecer que la cosa es de los gringos.
- Eso explica muchas cosas.
- Además de que “entre gitanos no se leen la buenaventura”, hay qué tomar en cuenta que de alguna manera son los mismos.
- ¿Cómo?
- Tomás Ruiz fue subsecretario de ingresos de Hacienda con el PRI, luego funcionario con el PAN, ahora director de finanzas en Veracruz con el PRI. Todos
son “cuates”.
- Ya entiendo. Pero si los gringos son los que hacen todo el relajo y el gobierno simplemente se limita a seguir los tratados de extradición, Felipe “sacaría las
castañas del fuego con la mano del gato”.
- ¿Por qué cree que hace poco pidió que le reconocieran a Ernesto Zedillo la inmunidad diplomática ante las acusaciones de crímenes de lesa humanidad?
¿Por compasivo? No. Lo que no quiere es poner sus barbas a remojar.
- Es duro estar a punto de dejar de ser y de estar, ¿verdad?
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