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Dalia Reyes
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26 Octubre 2016 04:00:00
Ando en burro
El miedo, lo que es el miedo, sí anda en burro. Díganmelo a mí, mujer tatuada con las cicatrices de un buen estirón que me dio un asno desesperado y, a modo de esquiadora en tierra, me paseó por medio rancho en tanto mi prima, muerta de risa y montada en el pollino, no atinó a parar al animal.

No quiero poner en mal a ningún borrico del mundo, mas bien me parecen simpáticos y muy de ornato en cualquier zona campirana, por ello el riesgo de su extinción en México me tiene preocupada, eso sí me da miedo. Y de miedo hablaremos, de ese ancestral que nos fue sembrado desde niños para controlar nuestra conducta a falta de institutrices recias, escuelas de 24 horas y madres mono paridas.

Como no había suficiente dinero para ponernos un guardián de tiempo completo, las escuelas nos dejaban sueltos por bastantes horas en casa y las mamás andaban correteando chiquillos en pañales la mitad de su vida, el susto es, y ha sido, una herramienta muy efectiva de control social. Y verán: No nada más en casa, también lo usan las escuelas, los gobiernos, las iglesias los maridos.

Hay un personaje universal que bautiza el pavor en la más tierna infancia: El viejo del costal. Los fines de semana pasaba por la casa un hombre ofertando cabritos chillones que se revolvían dentro de una bolsa de ixtle. Lo más preocupante de la situación era pensar: “Si me lleva este viejo, ¿cómo voy a soportar el olor a cabrito ahí dentro?“

La secadera corporal es el segundo nivel de la amenaza. Hablarle mal a los padres deriva en una increíble resequedad anatómica. A mi madre la amenazaban con la lengua seca por boquifloja y pensaba en solucionarlo mojándosela y ya. Supongo que todos los irreverentes tenían a la mano suficiente agua para salvar la situación porque nunca he visto a nadie con algo seco en su persona.

Los pelos en la mano es otra amenaza, pero como no lo sé de cierto, sólo lo supongo, tengo tres teorías para argumentar sobre por qué no hay señores de palma peluda: Usan un excelente depilador, todos omitieron prácticas prohibidas con su sexualidad en ciernes o era pura mentira la amenaza.

Una vez me salió un granito en el dorso de la mano y los adultos diagnosticaron: Es por apuntar hacia el arcoíris. Por muchos años, cuando quería mostrarle a alguien esa belleza, estiraba el cuello tratando de señalar con la nariz el punto preciso del fenómeno.

Las embarazadas usan un seguro por si hay eclipse, no caminan mucho para que no se salga el niño ni se sientan tanto porque se les pega; no tiñen porque sale pinto; en fin, el miedo se enseña desde antes de nacer.

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