Dicen que era por el susto, de aquella vez que cuando iba por la madrugada al baño de pozo, se le apareció un tlacuache en el camino.
“¡AMÁAAAAAAAAA!”
RESONÓ EL GRITO, Y BRINCAMOS de la cama.
LO ENCONTRAMOS EN MEDIO DEL patio, tío Pino le arrojó la luz de su lámpara… allá estaba, tembloroso, llorando… y meado.
TÍA MACRI LE DIO UNA buena rameada con hoja de yerbasanta, para bajarle el susto… y le frotó malango en el espinazo.
TODO VOLVIÓ A LA NORMALIDAD, excepto por esa canija costumbre de orinar mientras dormía.
LOS PRIMEROS DÍAS FUERON DE consentirlo, de comprenderlo…
nadie se burlaba del “mión”…
PERO YA PASADITAS LAS SEMANAS, a la hora de las canicas, si Pivo nos ganaba… “¡Ah, pinche mión!”
SI EL PIVO NO QUERÍA compartir el bolillo con chile… “!Ah, pinche mión!”…
SI EL PIVO NO QUERÍA ir al mandado… “¡Ah, pinche mión”!
IGUAL QUE EN TODO, DE principio resoplaba furia, pero luego ponía la sonrisa canija y le daba otra mordida al bolillo para saborearnos… o bailaba con las canicas que nos ganaba… o nos hacía sentir esclavos por ir al mandado…
POR ESO, AL POCHO SE le ocurrió una magna idea… ¡Exhibirlo!
Y COMO SOLÍA OCURRIR EN aquellos lares, las mamás sacaban las sábanas meadas por la ventana para avergonzar al incontinente… a ver si de esa manera dejaba de orinar por la noche, en pleno sueño.
POCHO SE LEVANTÓ TEMPRANO, TOMÓ las sábanas manchadas de orina y las puso por la ventana…
PIVO NO LAS VIO POR la mañana, pero al mediodía, cuando regresaba de la escuela se topó con la novedad… corrió a descolgarlas y a llorar desconsolado.
“¡ANDILE, POR CHIFLADO!”
POCHO Y TODOS PENSAMOS QUE se le quitaría la mala costumbre, de orinar claro… pero también de ganarnos en las canicas, de no compartir el bolillo y de negarse a ir a los mandados.
POR SI LAS DUDAS, VOLVIÓ a sacar las sábanas con el letrero de Pivo al día siguiente… porque volvió a orinar el buen muchacho.
AL MEDIODÍA VOLVIERON JUNTOS DE la escuela…
MISTERIOSAMENTE, EN TODO EL CAMINO Pivo venía contento, sonriente… hasta apresurado por llegar.
¡Y CÓMO NO!
JUNTO A LAS SÁBANAS MANCHADAS por Pivo, estaban las trusas “periqueadas” del Pocho… con esa mancha propia del flameo natural de los calzones que se rozan con el fundillo.
¡MIRA!, LE DIJO… “TUS CALZONES flameados”.
CANIJO QUE ERA, PIVO ACEPTÓ seguir siendo el mión… a cambio, claro, de que a su hermano le dijeran desde entonces “El cagón”.
POR FORTUNA, NUESTROS SABIOS PADRES en cónclave decidieron poner fin a todo eso…
se juntaron en casa de tía Godeleva y decidieron arreglar el asunto a cintarazos.
¡Y SE ACABÓ!
VOLVIERON A SER POCHO Y Pivo…
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