Coahuila ha perdido, a lo largo de su historia, la oportunidad de ser gobernado por mejores hombres. Igual sucede en otros estados y en el país. Cuauhtémoc Cárdenas, por ejemplo, habría sido mucho mejor presidente que Carlos Salinas, el “villano favorito de los mexicanos”, y Vicente Fox. Lo mismo sucede en el mundo. En una columna reciente (“Vida y destino”) abordé el tema con motivo del fallecimiento del magistrado Atanasio González, el 26 de septiembre. Varias veces compitió infructuosamente por la candidatura del PRI al Gobierno del estado.
En días pasados recibí un correo de su hijo Leonardo González Armendáriz, a quien no tengo el gusto de conocer. Traté poco a su padre, pues su carrera la hizo en la Ciudad de México donde desempeñó distintos cargos hasta ascender al máximo tribunal de la República, que el presidente Ernesto Zedillo disolvió. En 1999 lo entrevisté como candidato al gobierno por el Partido del Trabajo y de Unidad Democrática. Enfrentó a Enrique Martínez y a Juan Antonio García Villa.
González Armendáriz, como buen hijo, rinde en sus líneas un homenaje a su padre y ofrece una crónica de sus intentos fallidos por ser gobernador. Comparto en esta entrega una parte de su texto, que he dividido en dos:
“Hemos leído con especial atención la nota que usted publicó sobre nuestro padre Atanasio González Martínez en el diario “Zócalo” del 4 de octubre de 2011 (…) nos da gusto y orgullo que se haya acordado y recordado algo de la vida de él. Naturalmente, la vida y los recuerdos son muy cortos. Las personas se acuerdan de lo reciente y no de lo pasado (…) creemos (que) es parte de lo que muchos países y personas no valoran porque las circunstancias y problemas que se dan son cíclicos y se repiten en la historia (…) probablemente, de tomar en cuenta el pasado, las cosas no se repetirían o al menos, no de la magnitud (en) que se dan.
“Probablemente no se recuerde que algunas de las cosas que hizo nuestro padre sirvieron para que en su momento los candidatos, quienes luego fueron gobernantes, tuvieran al menos más cuidado en su forma de actuar, sabiendo que tenían algún otro competidor con méritos para lograr dirigir a su estado, lo que por ahora (y) desde hace algún tiempo no sucede en nuestro estado.
“Solo nos gustaría comentar que nuestro padre tuvo algunas pasiones: su familia, poder impartir justicia desde el lugar más alto en nuestro país; y por supuesto en su estado, al que siempre quiso dirigir, porque creía que desde ahí podría ayudar a su gente, lo que por muchas circunstancias no se le permitió. Nuestro padre creyó que podía ser gobernador después del período de Flores Tapia. Es decir, compitió con José de las Fuentes, “El Diablo”. Después quiso ser candidato sucediendo al “Diablo”, y volvió a competir, con Eliseo Mendoza Berrueto. En esas dos ocasiones no logró ser el candidato del PRI, partido al que perteneció, por obstáculos que le presentaron diversas personas”.
Jamás sabremos si Atanasio González habría sido buen gobernador, pero poseía cualidades, preparación y amor por el estado para serlo, lo mismo que otros que han aspirado al cargo sin lograrlo.
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