La activista social advierte que el Consejo Electoral del Estado, precedente del Instituto, tuvo figuras respetables como Armando Fuentes Aguirre “Catón”, Luis Córdoba Alveláis y Juan Puente Flores, quienes lo abrieron a la ciudadanía. Hoy, el consejo del IEPC está envuelto en la opacidad, la cerrazón y en una tendencia política explícita que lo deslegitima. Es necesaria una reforma electoral que dote al Estado de un órgano imparcial y confiable, apunta.
El análisis de Herrera se confirmó en la ceremonia por el décimo aniversario del IEPC, el 14 de octubre, en el auditorio de la Facultad de Jurisprudencia de la UAdeC. A la escasa convocatoria local y a la inasistencia de las principales figuras nacionales, anunciadas en el programa, se sumó, para más inri, la defensa del consejero Jacinto Faya Viesca por los altos sueldos y prestaciones asignados a la alta burocracia del Instituto, los cuales han sido criticados por sectores de la sociedad en las últimas semanas. Sobre todo ahora que el Estado reduce salarios y recorta personal con motivo de la deuda.
El año pasado, el lagunero Faya fue acusado por el también consejero Carlos Arredondo de pagar seguros a familiares con cargo al Instituto Electoral, irregularidad que hasta hoy no ha sido sancionada y acaso ni siquiera investigada. El propio Faya concedió una jugosa indemnización, por más de 700 mil pesos, a Marco Antonio Kalionchiz, quien pasó de director a consejero. “Me nació del corazón”, dijo cuando se le pidió que explicara el gasto. Arredondo ofreció renunciar si sus denuncias no eran atendidas. No lo han sido y el consejero tampoco ha dejado el cargo.
En la ceremonia de aniversario, el presidente del IEPC, Leopoldo Lara Escalante, se jactó de que “el instituto eliminó totalmente los conflictos poselectorales” y de que “ésta ha sido una década de elecciones limpias y trasparentes”. La visión es parcial a todas luces. Las elecciones del 3 de julio no sólo se caracterizaron por las campañas negras, el acarreo y la coacción del voto, sino, sobre todo, por el vergonzoso desempeño del Instituto, según refiere la coordinadora de Alianza Cívica.
Para volverse confiable y no generar nuevos conflictos, el IEPC necesita reestructurarse, volver a ser ciudadano. El servilismo de sus últimos presidentes, sobre todo Jacinto Faya y Leopoldo Lara, no le ayuda al Estado, menos a la democracia, pero ellos creen que sí. Tal vez haya llegado la de hora de marcharse. El consejo actual es, sencillmente, un lastre y lo será más en el futuro.
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