YO ME ACUERDO DE LOS balones de cuero…

PESABAN COMO UN FARDO, Y cuando le daba una patada toda mi esquelética

humanidad se quedaba temblando, como címbalo que retiñe.

PERO BUENO, DE LAS PELOTAS de hule al balón de cuero había una gran diferencia.

POR PRIMERA VEZ TENÍAMOS ALGO de verdad, como los profesionales.

YO CREO QUE EL TÍO Cheno debió juntar unos seis meses para comprarlo.

POR AQUELLA EMPEDRADA CANCHA DE la calle frente a casa, uno esperaba a que los charcos secaran y los caballos fueran a buscar refugio en el arroyo, para salir a patear.

LLEGAR EL BALÓN A CINCO metros por el aire, era tener un tremendo cañón, porque a casi todos se nos doblaba la chancla al contacto.

YO POR ESO DIJE… “SOY portero”.

Y DE ALLÍ NO ME movieron.

LOS TIROS LLEGABAN TAN MANSITOS como la Colina, la anciana y chimuela perra de la comunidad.

Y LOS DESPEJES SE LOS dejaba al chino, que tenía la pata pesada de tanto andar descalzo en las ardientes piedras de la calle.

ESO SÍ, CABECEAR ERA DE hombres…

EL GANSO CERRABA LOS OJOS, brincaba y con suerte le daba en la mollera, cuando no en la nariz… cuando no en la boca.

¿Y QUIÉN SE RAJABA?

NADIE, SEÑORAS Y SEÑORES… BALÓN de cuero era la mera ley.

HASTA AQUELLA VEZ EN QUE Ganso se elevó con la gracia de una esfinge, y cabeceó con los ojos cerrados…

LA PELOTA ME PASÓ LAMIENDO la yema de los dedos, mi arqueado y esquelético cuerpo no alcanzó a detenerlo.

¡FUE GOL!, GRITABA EL GELO… ¡No señor!, el Pichojitos no la alcanzó, pasó por arriba, argumentaba el Memote.

Y EN LO MÁS ÁLGIDO de la discusión, una explosión nos devolvió a la realidad…

BALÓN DE CUERO SUCUMBÍA ANTE las llantas de un camión materialista.

¿FUE GOL O NO?… ¡QUÉ importa!

TOMAMOS LOS RESTOS, LOS LLEVAMOS a ver si alguien podía repararlos, imposible…

GUALENCHE EL ZAPATERO NO ENCONTRÓ remedio.

NI MODO, A JUGAR OTRA vez con pelotas de hule… y fue mi regreso a la cancha, a patear con la confianza de que el huarache aguantaría.

EN REALIDAD… CREO QUE MÁS que disfrutar a balón de cuero, lo sufrimos todos.

Aunque la verdad, nos hizo soñar durante varios meses.

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