Manuel Bartlett es un político priísta de la vieja guardia, aunque ha logrado lavar sus pecados primero por la complicidad con Carlos Salinas en el fraude de 1988 y ahora con la bendición del reverendo López Obrador y su república amorosa.

Lo de menos es que Bartlett aparezca como precandidato de la izquierda al Senado, lo interesante es que el ex secretario de Gobernación está urgido de fuero constitucional. Y López Obrador se lo va a dar.

Manuel Bartlett, virtual candidato de la Coalición lopezobradorista al Senado de la República por Puebla, me mandó decir a través de Arturo Rueda, director del periódico Cambio, que no me daría ninguna entrevista. (…) Harto de sus negativas (…), no tengo más remedio que hacer públicas las preguntas que Bartlett nunca, jamás, me responderá.

1.- Usted fue el último secretario de Gobernación de seis años y el último también que generaba miedo, en la connotación que le dio al cargo Gustavo Díaz Ordaz. ¿Disfrutaba esa condición de poder?

2.- Hay en usted una dualidad esquizofrénica. Algo así como el Dr. Jekyll y Mr. Hyde. Hay dos Bartlett: el Duro y el Demócrata. Está el Bartlett del pasado: el jefe de Zorrilla Pérez, el del fraude patriótico en Chihuahua, el de la Caída del Sistema en el 88, el que propició la salida del PRI de Cárdenas y de Muñoz Ledo, el secretario de despacho con Salinas, el gobernador de dedazo también con Salinas... Y está el otro Bartlett, el demócrata, el que marcha con Cárdenas en contra de la privatización del petróleo, el que elogia desde el PRI la lucha de López Obrador, el que viene a Puebla como candidato de las izquierdas... ¿A cuál Bartlett le creemos?

3.- Luis González de Alba recordó hace poco al Bartlett duro, al Bartlett represor, al Bartlett que orquestó el fraude contra la izquierda mexicana, el Bartlett del Quique Camarena y Manuel Buendía. ¿Todo eso es una leyenda negra?...

4. Julio Scherer y Vicente Leñero relataron que una noche que estaban por publicar un reportaje –sobre unos sobrinos suyos que se fueron guiados por sus creencias religiosas a un país sudamericano y que a su vez fueron traídos a México por órdenes suyas– llegó a visitarlos José Antonio Zorrilla, su empleado, el autor intelectual del asesinato de Buendía, y que en plena conversación les dijo que no se metieran en problemas y que no publicaran ese reportaje.

Y les puso el ejemplo de lo frágil que podían ser sus vidas si lo hacían. Tan frágil como una botella de Coca-Cola que cae al piso y se hace pedazos. Y narraron cómo Zorrilla empujó con un dedo una botellita de Coca- Cola que estaba sobre una mesa. Y, en efecto, se hizo pedazos en el suelo. Toda una metáfora siciliana.

¿Usted mandó a Zorrilla a amenazarlos?

5.- En una entrevista con la periodista Martha Anaya usted dice que los dos autores del fraude del 88 fueron Manuel Camacho Solís y Guillermo Jiménez Morales, quienes desde la Cámara de Diputados orquestaron todo para beneficiar a Salinas. Últimamente ha venido diciendo lo mismo, pero ya no menciona a Camacho, quien, por cierto, hoy es su compañero de ruta. ¿Cómo nos explica este trabalenguas político-electoral?

6.- Usted trabajó para Salinas de Gortari –fue secretario de Educación Pública–. Usted vino a Puebla gracias a Salinas de Gortari, quien primero lo mandó a trabajar al Pronasol con su hermano Raúl Salinas y luego a Puebla como candidato del PRI. Hoy, sin embargo, culpa a Salinas de los grandes males nacionales. ¿Cuándo trabajó con Salinas no se dio cuenta de que Salinas era un “monstruo”, el “peor de todos”?

El Bartlett tenebroso podría llegar a Senador con la bendición de López Obrador y su república amorosa.
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