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Ricardo Alemán
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15 Noviembre 2016 04:00:00
¡Basta de lloriqueos por Trump!
En el México profundo de la primera mitad del siglo 20, las “plañideras” eran figura insustituible en todo sepelio respetable.

Hoy, a propósito de la llamada “tragedia” por el triunfo de Trump en las presidenciales de Estados Unidos, asistimos a la version moderna –con toque digital–, de las plañideras de hace seis o siete décadas.

Y es que echar un vistazo a los medios mexicanos de hoy –prensa, radio, television e internet–, es asistir a un sepelio de pueblo; lloriqueos, quejas, llanto exagerado, historias fantasiosas y cuentos de fantasmas que amenazan el futuro de los mortales.

Lo curioso es que las plañideras de “la tragedia Trump”, son los mismos que tomaron “a chunga” cuando Trump sorprendió al mundo con el anuncio de que buscaría la candidatura presidencial de Estados Unidos.

Los mismos que motejaron a Trump porque “está loco”; porque “es un demente” y porque su candidatura “era un juego”… nadie lo tomó en serio.

Luego, cuando Trump utilizó a México, a los migrantes, al muro, el TLC y cuando insultó a los “criminales, violadores y delincuentes” migrantes latinos, los “sesudos” analistas mexicanos se encargaron de desacreditar los despropósitos de Trump.

Más tarde, el pánico y la esquizofrenia se apoderaron de la prensa mexicana y de opinantes y “expertos”, quienes vaticinaron lo más parecido al fin del mundo, si es que Trump llegaba a la Casa Blanca.

Sin embargo, en un milagro colectivo, vino el autoengaño de que era imposible la victoria de Trump. El destino no podía jugar esa mala pasada a los mexicanos. Y abundaron la “certeza” y la “convicción” de que Hillary ganaría.

Sin embargo, la madrugada del 9 de noviembre vino el desencanto, el pasmo, el shock y medio mundo –en forma literal–, se paralizó. ¡Ganó Trump!

Entonces, todo cambió. De la risa por el locuaz Trump, de la incredulidad por su candidatura y de la descalificación a sus “descocadas” propuestas, todos pasaron al pasmo por la victoria de Trump. Entonces, “expertos” y “analistas” adoptaron el papel de “plañideras”. Empezó el lloriqueo.

Lloriqueo porque millones de mexicanos podrían ser repatriados; millones de dólares se podrían perder en exportaciones, y millones de dólares de inversión ya no llegarán.

Y, en efecto, el sátrapa Trump podría ser la mayor amenaza de México y los mexicanos. Pero también es cierto que, como sociedad, no podemos ser presa de la esquizofrenia y el pánico de los dizque analistas.

¿Por qué?

1.- Porque de los 11 millones de mexicanos que Trump amenazó expulsar en campaña, hoy habló de sólo “entre dos y tres millones” que podría deportar.

2.- Porque según verdaderos expertos de la relación México-EU, repatriar a dos o tres millones de mexicanos significaría más de 30 mil millones de dólares y una logística que requiere modificar leyes y reglamentos durante meses.

3.- Porque Trump también cambió la versión del muro. En la campaña el muro fue propaganda fundamental. Hoy dijo que habrá muro, pero matizó que en algunos casos “sólo será una valla”. ¿Y qué quiere decir lo anterior? Que en un par de años el muro podría ser un cuento.

4.- Porque en la misma entrevista, Trump ya no dijo que México pagaría el muro. Y es que, en la práctica, el muro no se puede construir en México si el Gobierno de México no lo autoriza. Y está claro que eso nunca ocurrirá. Por tanto, si se construye, será en territorio norteamericano y con dinero de aquel país.

5.- Porque Trump olvidó que, en campaña, amenazó con demandar y llevar a prisión a la señora Clinton. Ya reculó.

6.- Y, porque cual campeón del populismo –que llega al extremo de anunciar que ganará un dólar de salario al año–, el señor Trump desmontará poco a poco las locuras que prometió como candidato presidencial.

Y es que, sin duda, Trump es un sátrapa y un peligro para México y el mundo, pero también es cierto que el Estado mexicano no puede ser rehén del campeón global del populismo y menos presa del pánico colectivo.

Y si bien Trump “puede ser un chivo en cristalería”, también es cierto que los pesos y contrapesos del Estado norteamericano aún funcionan.

Por eso, ¡basta de plañideras!

Al tiempo.

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