El 3 de noviembre de 1994, explicó desde su columna la situación y los planes. Durante las semanas siguientes se dedicó a organizar grupos de microempresarios en un nuevo sistema de distribución para esta casa editorial.
Durante esta semana, recordamos al escritor y periodista fallecido el jueves con algunas de sus columnas más representativas. Ésta es una de ellas.
Bebeto voceador
¡Extraaa! ¡Entérese! ¡Los del “Reforma” no se dejaaan! Hoy resulta que no somos de la estatura de la vida de los líderes de los voceadores. Su ínclito y mirífico secretario general, el señor Manuel Ramos de todos mis respetos (¡Ay, sí!) ha decidido que la Unión a su digno cargo (¡Ay, sí! bis) no venda más el periódico “Reforma”.
Pues a todo dar. Entenderás, mi cada vez más querido lector, que, con una medida así, se hunde ésta y cualquier publicación periódica. Para la corta edad de nuestro (tuyo y mío) diario que aún no cumple un año, esto es tirar a matar. ¿De parte de quién? En otras circunstancias (fresco está aún el recuerdo de la Revista Impacto) un boicot (¡Ay, sí! tris) así no nos dejaría más salida que liar las rotativas e irnos con nuestro directivos, columnistas y reporteros a otra parte.
Pero eso era antes. En esto sí lleva razón don Carlos Salinas que, apenas ayer, proclamó la presencia de una sociedad cada vez más actuante y de un gobierno cada vez más respetuoso de la libertad de expresión. Así pues, hemos decidido tomarle la palabra al Señor Presidente y, puesto que los líderes no nos quieren en sus puestos, nosotros los trabajadores de “Reforma” (Directivos, editorialistas, columnistas, reporteros, personal administrativo y el cuerpo técnico que es un cuerpazo) hemos decidido salir a vender nuestro periódico. A las 7:30 nos reuniremos y zarparemos a distintos y concurridos cruceros de la capital.
Es obvio que, una vez más, estamos actuando en defensa propia y que no es nuestra intención ofender a ningún voceador cuya personalidad y derechos individuales nos son tan respetables como los de cualquier otro ciudadano. El problema es que no podemos quedarnos tan tranquilos viendo cómo se nos hunde el barco.
Ni que estuviera yo chimuela, diría mi tía Rufina, que fue pionera de las luchas en lodo. Si los voceadores no quieren vender nuestro periódico, pues con la pena de que nosotros sí queremos y lo vamos a hacer. Con el incentivo adicional de que ya me dijo el director que si agarro un buen crucero (Granados Chapa ya se agandalló el mejor) es muy posible que obtenga yo ganancias suficientes como para comprar la carreola y el bambineto con jacuzzi que quiere la Hillary. Y hablando de la prolífica matrona, me acaba de notificar que ella es de la estirpe de las soldaderas y que, nada más faltaba, ella me acompaña a vender los periódicos.
No sé si lo hace por espíritu de solidaridad, o porque piensa que, en una de esas, me levanta una clienta con todo y tambache y no vuelve a saber de mí. El caso es que mañana, queridos conciudadanos, verán a una rubia y embarazada señora vendiendo periódicos por calles y plazas de la capital. Creo que Bebeto jamás imaginó que, a los cinco meses de gestación, iba a andar vendiendo periódicos.
A mí me encanta la idea de que, siendo tan chiquito, ya tenga un oficio digno y ya sepa que nuestro deber ciudadano es no dejarnos. Saldremos mañana y saldremos los días que haga falta. Si tú, querido lector, nos quieres echar una mano, comunícate a “Reforma”. Eso, o que la h. (¡Ay, sí! tetris) directiva de la unión de voceadores decida conducirse de modo equitativo y honorable y, entonces, todos volveremos a nuestros respetables oficios.
Por lo pronto, salimos a vocear. Muchos magnates comenzaron vendiendo periódicos. Eso no tiene chiste. Lo vaciado es terminar vendiendo periódicos. Me parece un apetecible destino. A los que me leen en los estados, les pido que no crean que esto es un asunto local; bien mirado, es de interés nacional. ¡Eeextra! ¡Lleve su “Reforma”! ¡Haga su Reforma!
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