La bienal, organizada por el Instituto Cultural de Durango, seleccionó lo mejor de entre casi un centenar de piezas provenientes de diversos estados: Coahuila, Nuevo León, Chihuahua.
Una segunda fase de la convocatoria eligió 47 piezas de 31 artistas para una exposición colectiva.
La gran sorpresa fue que los artistas coahuilenses no sólo arrasaron con los premios, sino que de las 47 piezas seleccionadas, casi la mitad de ellas pertenecen a creadores originarios de Torreón, o avecindados en Saltillo.
La mano y la mirada
Así, los representantes de la cultura en Durango reconocieron con el primer lugar en la categoría de pintura al artista neoleonense Baldomero Hernández. El segundo lugar fue para el saltillense Roy Carrum, con su obra “Naturaleza Muerta con Teléfono” —quien mostró gran parte de su obra reciente en las galerías de Casa Purcell— y el tercero para un artista procedente de Nuevo León.
En grabado la cosa no fue muy diferente: el primer lugar correspondió al duranguense Jesús Soto, el segundo para Rodolfo Ramírez, artista originario de Puebla pero avecindado desde hace algunos años en nuestra ciudad. Y el tercero para la dibujante saltillense Magda Dávila.
Entre la menciones y los seleccionados en ambas disciplinas destacaron los nombres de los coahuilenses Norberto Treviño, Vinicio Fabila, Adalberto Montes y Otilio Peña.
Generaciones
No es casual el resultado. De pocos años hasta aquí, la propuesta de la plástica coahuilense ha ido diversificando sus contenidos y sus formas. Articulada por la fuerza de artistas cada vez más inquietos, informados e inconformes, ha abandonado su nicho de temas agotados: la acuarela ya no son sólo bodegones. Lo confirma el estupendo trabajo de Adalberto Montes. El grabado ya no son sólo magueyes, lo grita la evolución tridimensional de Vinicio Fabila y Norberto Treviño. El óleo abandona para siempre los motivos del siglo 19; nos lo dicen las posmodernas naturalezas muertas de Roy Carrum, el dibujo cosmopolita de Carlos Vielma o las fotografías de Marcelo Ascacio. El arte se sitúa en su momento actual, contemporáneo del futuro y sus preocupaciones: no el realismo que se agota en lo provinciano. Lo universal en lo local: la soledad, la alienación, las otras cadenas de la libertad, lo móvil, lo mutable, es decir, la calma del vértigo y la ternura que aún es posible en el vientre de la violencia.
Bardo de las bardas
“La inspiración es trabajar todos los días”.
Charles Baudelaire
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