Hace tiempo me encontré con un amigo que tenía unos 15 años sin ver. Fuimos contemporáneos en la escuela. Inmediatamente lo reconocí y lo primero que le dije: “¡Qué bárbaro, estás igualito!”. Un tanto en tono de broma, le pregunté cuál era el “secreto de su juventud”. Sin embargo, no me esperaba su respuesta, dijo: “Todo es mental”. Me relató cómo es que conforme crecemos nos vamos creyendo más y más nuestro rol de “adultos”, haciendo de la vida una cosa “seria”. Pero él no hablaba de evitar las responsabilidades o el madurar emocionalmente, sino del tipo de “adulto” que deja de ser libre, para convertirse presa del estrés. Me platicaba cómo es que usualmente, en sociedad, estamos demasiado preocupados por qué dirán los demás, por quedar bien y olvidamos quedar bien con la persona más importante: uno mismo. Resumió su “secreto” al decirme más o menos lo siguiente: olvídate de estar compitiendo por tener más, sé libre de este y otro tipo de presiones sociales; busca tu felicidad y compártela con quien amas... un consejo muy sabio.

Afirma la autora de temas de simplicidad de vida, Linda Breen Pierce:

“Esta simplicidad representa un llamado a vivir más ligeramente, con menos distracciones. Se trata de enfocarse en lo que realmente necesitamos y en lo que verdaderamente anhelamos, no sólo ligado a las posesiones materiales, sino al trabajo, las relaciones y el tiempo libre que realmente deseamos”.

“Ganaba más de medio millón de dólares al año y disfrutaba todos los lujos, vacaciones y otras amenidades que mi salario me permitía. Era respetada en mi profesión. Pero después de 10 años de practicar, comencé a cuestionarlo todo. ¿Qué tipo de contribución estaba haciendo a la sociedad?, ¿cómo me sentiría al retirarme y ver hacia atrás?”. Después de mucha introspección, Linda concluyó que no deseaba pasar los siguientes 30 años de su vida ayudando a las personas a pelearse entre ellas. Este despertar la llevó a simplificar su vida. Algunos de los consejos que Linda comparte son:

Limite las posesiones materiales sólo a lo que necesita o aprecia; dedíquese a un trabajo con significado por 30 horas a la semana o menos, con paga o no, con pocas horas de traslado cada día para llegar a su trabajo; disfrute de relaciones de calidad con amigos y familiares; participe en actividades de entretenimiento que sean alegres y placenteras; mantenga una relación consciente con el dinero; conéctese con su comunidad, aunque no necesariamente mediante las organizaciones formales; practique el consumo sostenible; incorpore prácticas de vida saludable, como hacer ejercicio, dormir y alimentarse; concéntrese en su crecimiento y en su vida espiritual; pase tiempo en la naturaleza con regularidad; viva en un ambiente bello; viva en armonía con sus valores.

Recuperamos nuestra juventud al vivir primero para ser feliz uno mismo y luego para hacer felices a los demás.
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