La buena noticia es que la humanidad ha aumentado de manera gradual la conciencia de la prevención efectiva de la enfermedad, y en cada 1 de diciembre, en que se conmemora el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, se dan a conocer los avances contra la pandemia de VIH/sida. Se eligió el día 1 de diciembre porque el primer caso de sida fue diagnosticado en este día en 1981.

La mala noticia es que desde entonces se sabe que el sida ha matado a más de 25 millones de personas en todo el planeta y que de ellos, más un millón de ellos eran menores de edad. Esto la hace una de las epidemias más destructivas de la historia, pues en menos de 30 años se han contabilizado más muertes que muchas clases de infecciones de transmisión sexual juntas.

La buena noticia es que en este siglo 21 el sida ya no es mortal por necesidad.

Hoy comenzamos a hablar del sida como una enfermedad crónica y no necesariamente fatal. Los cocteles de fármacos antirretrovirales detienen el avance del virus y las técnicas psicoterapéuticas que controlan los estragos de la angustia, esa angustia que disminuye la eficiencia del sistema inmunológico, se han refinado tanto, que las personas diagnosticadas seropositivas pueden vivir con alta calidad de vida y sin tanto temor a que la enfermedad se presente.

La mala noticia es que los pacientes infectados por VIH/sida tienen que enfrentarse a algo más terrible que a su infección, porque desde el momento en que son diagnosticados, cae sobre ellos la amenaza del miedo a ser rechazados por una sociedad que tiene poca información sobre la enfermedad y que olvida que las únicas vías de transmisión del VIH son la sexual y el contacto con la sangre; que olvida que el contagio no es mágico, no se da por un roce de piel o de labios, por un saludo de manos, por beber en el mismo vaso que usó alguien que ya está infectado de VIH.

La buena noticia es que la investigación científica ha avanzado mucho en el conocimiento de las condiciones actuales en la que la epidemia avanza, de qué manera se multiplica y del modo en que se evita el contagio. Se tiene la certeza de que el uso del condón es efectivo para evitar el contagio y de que los nuevos condones, los de poliuretano, no se rompen por accidente. La mala noticia es que se sigue culpabilizando al paciente con VIH como si fuera el único culpable de su situación, que sigue siendo discriminado y sufre el rechazo, incluso de muchas personas de las que habría esperado algún consuelo.

La buena noticia es que el paciente con sida, así como el paciente con cáncer, aun cuando se enfrentan al temor a la muerte, al miedo al deterioro físico o a los efectos secundarios del tratamiento, cuentan con redes de apoyo efectivas y bien organizadas que le ayudan a manejar su duelo, a vivir con su enfermedad y a superarla hasta que llegue el desenlace.

La mala noticia es que el carácter estigmatizante del sida sigue presente entre nosotros. Pero además la persona con VIH se enfrenta al miedo a infectar a otras personas o a la culpabilidad de ya haberlo hecho. Este temor a menudo le lleva a ocultar desde el principio el diagnóstico, lo que a su vez le disminuye la posibilidad de aceptarla, de expresar sus emociones y de recibir el apoyo social que necesita.

Pero la diferencia fundamental que hace del sida la enfermedad más atemorizante de nuestra época es que nuestra sociedad acoge a las personas que son diagnosticadas de cáncer y aparta y culpabiliza a las que son diagnosticadas de infección por VIH/sida. Por ello es necesario que, por lo menos un día al año, reflexionemos sobre qué podemos hacer cada uno de nosotros para erradicar, si no la enfermedad, sí sus consecuencias, como la muerte social, tan destructiva en todos los casos.
Comparte ese artículo: Facebook Favicon Facebook Google Bookmarks Favicon Google Bookmarks Twitter Favicon Twitter YahooMyWeb Favicon YahooMyWeb