James Lehman vivió en carne propia los problemas de conducta infantil. Abandonado a sus dos años de edad, fue encontrado y adoptado por Mr. Teddy Lehman. Después de años de problemas de comportamiento y problemas con el abuso de sustancias, eventualmente encontró su camino como terapeuta infantil. Lehman nos comparte valiosas enseñanzas para ayudar a quienes más importan, nuestros hijos (continúa de ayer...)

Cuando tu hijo no sabe
cómo lidiar con esa situación y se vuelve desagradable o abusivo, es el momento en que debes intervenir y ponerle fin a esa situación. Y creo que deberías decirle claramente: “El que estés enojado no te da el derecho a insultar a tu hermana”. Esa es una forma importante y directa de enseñarle la habilidad de controlar sus emociones.

¿Qué consecuencias se dan (o no dan)?
Yo creo que las consecuencias son parte de la rendición de cuentas. En otras palabras, tu hijo debe saber que si el comportamiento inapropiado sucede de nuevo, tendrá que rendir cuentas. Al decir esto, no creo que la gente cambie, simplemente porque se les castigue o haya consecuencias. Aunque los padres a menudo se centran en esto, las consecuencias no son suficientes. Más bien, es el proceso de aprendizaje asociado a las consecuencias lo que cambia el comportamiento del niño. De modo que el proceso de pensamiento de tu hijo considere: “Puedo irme a mi habitación y tranquilizarme”, en vez de “La próxima vez que esté molesto, si insulto a mi hermana voy a ser castigado”.

Esta es la verdad:
se puede castigar a los niños hasta que las ranas críen pelo, pero no va a cambiar su comportamiento. Eso es porque el problema no es realmente el comportamiento; el problema radica en la forma en que piensan los niños. Este pensamiento inadecuado se exterioriza en su forma de comportarse. Si los castigas por su comportamiento y omites cuestionar la forma de pensar sobre el problema, o hacerles considerar cuáles son sus opciones para enfrentar ese problema de manera efectiva en el futuro, entonces, ¿qué estás haciendo? Estás castigando a tu hijo, pero él no ha aprendido nada y no va a hacer nada diferente. De hecho, es probable que lo vaya a hacer otra vez cuando no estés presente.

“¿Qué vas a hacer diferente la próxima vez?”
Creo que es muy importante que hables con tu hijo acerca de lo que puede hacer diferente la próxima vez que se sienta enojado o frustrado. Esta herramienta anima al niño a llegar a considerar lo que él o ella podría hacer en lugar de utilizar el comportamiento inadecuado. Por cierto, cuando tengas esta conversación con tu hijo, ésta debe ser una conversación bastante seria; sin sonrisas pero tampoco abusiva o negativa. Limítate a los hechos y pregúntale: “¿Qué puedes hacer diferente la próxima vez?”. Enseñarle habilidades para resolver problemas. No hay tal cosa como “niños buenos” y “niños malos”.

(Continúa mañana...)
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