James Lehman vivió en carne propia los problemas de conducta infantil. Abandonado a sus dos años de edad, fue encontrado y adoptado por Mr. Teddy Lehman. Después de años de problemas de comportamiento y problemas con el abuso de sustancias, eventualmente encontró su camino como terapeuta infantil. Lehman nos comparte valiosas enseñanzas para ayudar a quienes más importan, nuestros hijos (continúa de ayer...)

Los niños que son etiquetados como “buenos” son niños que saben cómo resolver sus problemas y manejar su comportamiento y vida social, y los niños que son etiquetados como “malos” son los niños que no saben cómo resolver esos problemas. A un niño se le considera “el chico malo” cuando ha desarrollado acciones ineficaces para resolver los problemas que otros niños resuelven adecuadamente. Así que ese niño puede recurrir a respuestas que son irrespetuosas, destructivas, abusivas o violentas. En mi opinión, no hay tal cosa como niños buenos o malos, simplemente hay niños que han aprendido maneras efectivas de resolver problemas de la vida y niños que no. A medida que se desarrollan, los niños ajustan continuamente sus habilidades para resolver problemas y aprenden otras nuevas. Por ejemplo, para un niño de tres años, decirle que “no” es el mayor problema en su vida. Patalea y hace un berrinche. Con el tiempo, tiene que aprender a lidiar con ese problema y gestionar los sentimientos asociados con ello. Y así continúan las tareas a los cinco años, cuando tienen que lidiar con su primer día de clases; a los nueve, cuando inician alguna actividad deportiva; y continúan a los 12 - 13 años, cuando están en la escuela media en un ambiente mucho más caótico de lo que jamás hayan enfrentado antes.

He dedicado gran parte de mi carrera tratando con niños que se comportan de manera inapropiada. Un elemento clave para ayudar a que los niños cambien su comportamiento es que los padres aprendan técnicas que ayuden a que sus hijos identifiquen el problema que enfrentan. Junto con él o ella, analiza cómo resolver problemas para llegar a nuevas soluciones. Así que habla con tu hijo sobre el problema en cuestión y la forma de resolverlo, no de la emoción que siente el niño. Al final, no hay una solución mágica para lograr una buena conducta. El secreto está en realmente enseñarle a los niños a resolver problemas. Tu meta como padre o madre es enseñarle a tu hijo las herramientas para que aprenda a comportarse. Si tu hijo no puede leer una situación en el noveno grado y no sabe cómo responder, reaccionará con agresiones y luego se meterá en problemas. ¿Cómo crees que se va a manejar cuando sea un adulto y su jefe le diga algo que no quiere escuchar? Es por eso que es importante para ti, no “hacer que desaparezca” el mal comportamiento y empezar a enseñarle a tu niño las habilidades necesarias para que cambie su comportamiento para siempre.
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