En 2005, el entonces presidente de México, Vicente Fox, y su esposa Marta Sahagún instituyeron el Día de la Familia el primer domingo de marzo que, si aún tiene energías para celebrarse, se conmemora hoy. Fue promovido buscando la revaloración de la importancia que tiene la familia para nuestra sociedad, aunque la idea de arranque, el concepto de familia del cual se partió, era el de la estructura familiar tradicional, nuclear, encabezada por el padre y compuesta además por la madre y los hijos, el estilo de familia que Fox seguramente añoraba, pero que no conseguía tener.

Si bien la familia es, en la sociedad actual, una institución irremplazable para el fomento de los valores humanos esenciales, no es ésta su única misión. Es esencial para que los nuevos seres humanos, los hijos, aprendan el control de sus instintos biológicamente fijos, como la sexualidad o la agresividad, pues es en la familia donde se les enseña (o no), en principio a dominarlos. La familia es el primer escalón del moldeamiento de la personalidad humana y es la primera, y más intensa experiencia en la organización de la existencia social.

Según cómo vivimos la estructura familiar, tenderemos, sin darnos mucha cuenta, a repetirla, así que una estructura familiar que facilite el intercambio afectivo y la comunicación entre sus miembros generará personas que pueden ser negociadoras, armónicas y productivas. Y una familia donde prive el abuso y el autoritarismo tenderá a reproducir esta dinámica en las nuevas familias.

Sin duda está en la estructura familiar la semilla de la prevención y solución de muchos problemas sociales, como la drogadicción o la delincuencia. Pero si creemos que la familia que debe ser tomada como modelo exclusivo es la nuclear, de padre, madre e hijos, es decir la tradicional, estamos entendiendo, como Fox entendía las cosas, una cuestión compleja de manera estereotipada y rígida. En la sociedad actual ya no funciona sólo un tipo de estructura familiar. Aun cuando mucha gente no esté de acuerdo con la idea de que la familia se está renovando, querámoslo o no, está evolucionando y tomando nuevas formas, por el desarrollo social que la marca y la condiciona. 

Para aumentar el conflicto, la estructura familiar tradicional está perdiendo su hegemonía y nuevas formas están complementándola y, tal vez en el futuro, la desbanquen: la familia monoparental, que cobija bajo el mismo techo, por divorcio o viudez, a la madre y los hijos. La familia compuesta por una mujer soltera que se dio el permiso de la maternidad y vive sola con su hijo, haciendo el papel de padre y madre a la vez. La familia integrada por abuelos y nietos, pero con los dos padres ausentes, por abandono o por emigración laboral, que es cada vez más usual en nuestros tiempos. Y ese terror de los conservadores: la familia que está integrada por los dos padres del mismo sexo, en donde el o los hijos son aportados por uno de ellos, o bien que buscan, en el caso de las mujeres, el embarazo (asistido o no) y en el caso de los hombres, la adopción. Esa también es familia, y éste también es su día.

No crea usted que esos nuevos tipos de estructura familiar no pueden ser llamados familia. Lo son y pueden funcionar bien. Trasmiten adecuadamente los valores básicos necesarios para que nuestra sociedad se desarrolle y pueden educar con calidad a sus hijos. Pero será necesario que eviten los conflictos y defectos que tuvo en su día la familia tradicional: una autoridad máxima, la falta de diálogo, la violencia sin consecuencias, el daño físico como razón pedagógica, la inequidad en el reparto de las responsabilidades cotidianas. No diga, por favor que la familia está agonizando. Al contrario, la diversificación la fortalece, porque si no evoluciona, muere.
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