Como dice Carlos Fuentes: los candidatos le quedan chicos a los problemas de México.

Peña Nieto se tropieza con su sombra y muestra que le queda grande el pedestal.

López Obrador se ve incómodo con su piel de oveja.

El candidato del amor, el mismo que atacaba y amagaba parejo hace seis años.

Cordero se ve chico hasta comiendo tacos. Parece burócrata endomingado.

Contra todas las encuestas y cálculos, él sabe que una mano negra lo hará candidato.

Con esos bueyes tenemos que arar, en tiempos de vacas flacas y seca.

Sólo nos queda esperar el milagro de que crezcan los enanos.


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