Y es que la maestra sabe que la enseñanza de las matemáticas demanda, entre otras cosas, que los alumnos generen un ambiente de trabajo agradable y relajado, basado en la colaboración, el intercambio de ideas y la búsqueda de situaciones de aprendizaje que sean realmente desafíos intelectuales para los alumnos. Con trabajo extra hecho en casa y buenas ideas, muchos docentes consiguen altos niveles de alfabetización matemática. En unos momentos más, los alumnos van a pasar en equipos para observar el contenido de la caja, tratando de identificar las formas geométricas que forman la cabeza, van a establecer hipótesis del tipo de animal y terminarán redactando un ensayo sobre lo que observaron. Están altamente motivados. Y de pronto, hacia el frente de la escuela se escuchan detonaciones de armas de alto poder.
La maestra, que estaba a punto de iniciar la lección, la interrumpe y, alarmada pero sin perder el control, hace que los alumnos se acuesten en el suelo, se pongan cómodos y empiecen a cantar alguna canción que todos saben, por ejemplo el Himno Coahuilense. Es un momento de alta tensión, que la maestra tendrá que controlar en los alumnos porque el sonido de los disparos desencadena un miedo instintivo en todos los presentes, miedo que provoca una inquietud tal, que de no ser controlada generará un daño interno, ya sea un trastorno de ansiedad generalizada, un trastorno de estrés agudo o un trastorno de estrés postraumático. Es la guerra que entra sin ser invitada al salón de clases, un momento antes apacible y ahora lleno de tensión, de sonidos amenazantes, de olor a pólvora y desechos humanos, porque algunos niños no han podido controlar sus esfínteres.
El desarrollo de las competencias matemáticas se detiene bruscamente y en ese momento lo que se debe desarrollar son las competencias de seguridad. Pero estas competencias nadie se las ha enseñado. No ha sido capacitada en ellas porque no se han establecido aun, aunque su conocimiento es urgente. Las competencias para la vida, que son conocimientos, habilidades, actitudes y valores hacia la consecución de objetivos concretos, en este caso se dirigirán hacia la inmediata conservación de la vida de estos niños.
El conocimiento ahora consistirá en distinguir qué tan cerca está el peligro, qué tantas posibilidades tienen los alumnos de ser heridos por el fuego de las armas que se disparan, de qué manera es necesario que se protejan y cuiden su integridad personal, qué actitudes son las más convenientes para evitar salir lastimados y después del incidente, deberán saber las razones que esgrimen quienes dispararon, por qué lo hicieron, en qué momento termina la situación de peligro y cómo se deben comunicar con sus familiares, para tranquilizarlos. Y aun cuando estas condiciones pueden generar aprendizajes de diversos elementos curriculares, la maestra no tendrá elementos de referencia para desarrollarlos. Ni suficiente presencia de ánimo para hacerlo. Después del incidente, algunos de los pequeños tendrán pesadillas, podrán sentirse extraños a sí mismos, cualquier ruido intenso los asustará, o lo peor: asociarán el miedo al estudio de las matemáticas, terminando abruptamente y para mucho tiempo el placer del aprendizaje.
Las nuevas situaciones sociales exigen al sistema educativo desarrollar un esquema de competencias para la seguridad que permitan a los alumnos aprender a defender su vida y conservar el equilibrio interno, para no caer en traumatismos que generen posteriores conflictos de salud mental, siendo éste el verdadero peligro con el que la sociedad actual se está enfrentando. Es el mayor daño colateral que debemos resolver urgentemente.
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