Si los varones no resuelven este evento en su infancia, llegan a tener problemas para adecuarse como parejas adultas

Infancia es destino, decía Sigmund Freud, pero afortunadamente el destino lo podemos modificar cuando nos alcanzan nuestros complejos sexuales no resueltos, como el famoso complejo de Edipo.

Lo que la mayoría sabemos es que, de acuerdo con la mitología griega, Edipo mató a su padre y se enamoró de su madre con quien tuvo cuatro hijos. Visto así, suena horrendo, pero lo que pasó fue que cuando sus padres lo concibieron, el Oráculo de Delfos les vaticinó que eso pasaría, y para evitar tal destino, su padre pidió a un campesino que lo matara, pero éste mejor lo dejó en un monte de donde fue llevado a los reyes de Corinto, quienes lo criaron. Cuando creció, descubrió que no eran sus padres y emprendió camino para buscarlos, se encontró con su verdadero padre y riñeron por el paso de un risco donde lo mató. Después descubre el acertijo que la Efigie usa para asolar a Tebas (su ciudad natal) y en recompensa se casa con la reina viuda que era su madre.

Para Freud, una situación parecida ocurre a nivel inconsciente en el varón durante sus primeros años de vida con relación a su madre. Ésta es la primera persona con la que desarrolla su amor, ya que el vínculo está desde antes de nacer. Es a través de la figura de la mamá que los hombres aprenderán los roles de género de ellas y lo que será su molde posterior para la elección de pareja.

El complejo de Edipo es una etapa normal en el desarrollo afectivo del niño, se da entre los dos y medio y los siete años, presentándose con el rechazo inconsciente y normal hacia el padre, dándose un deseo amoroso sobre la madre con quien se vuelve posesivo.

Normalmente, la figura del padre hará que la rivalidad amorosa del hijo se vea frustrada y por ello, el pequeño, ante la imposibilidad de tener a su madre, esperará a ser adulto para tener una mujer, que de cierta forma, tiene relación inconsciente con su madre.

Para Freud, el complejo de Edipo mal resuelto durante el desarrollo del niño, sería el principio de la inmensa mayoría de los trastornos psíquicos de los hombres; algunos varones de más de 30 años lo pueden seguir sufriendo. Hay incluso quienes llegan a ser adultos mayores sin resolver esa etapa en su vida, y esto es consecuencia de las necesidades emocionales insatisfechas desde la infancia que persisten.

Esto es, seguirán buscando a la “pareja perfecta”, o a la mamá viviendo relaciones de pareja fallidas; por ejemplo, se enamora de las novias de los amigos, de mujeres imposibles o trata siempre de rescatar al ser amado, cosa que no disminuye con el matrimonio.

También, este tipo de hombre busca relacionarse sentimentalmente con personas mayores y va de una pareja a otra, entablando toda una cadena de relaciones, aunque sin encontrar a una persona con quien sentirse en realidad pleno.

Además, el complejo de Edipo no resuelto hace hombres incapaces de unir la sexualidad con el amor y la ternura.

A estos hombres les es imposible ser amantes y cónyuges, por lo que en ocasiones añaden a una tercera persona a la relación.

Superarlo en la adultez es posible cuando él reconoce y toma conciencia del asunto, para ello es conveniente acudir a un psicólogo o psicoterapeuta para resolver el conflicto, que muchas veces evita que las personas encuentren pareja.

Toma Nota

Tras una década con la natalidad en aumento, España registró en 2009 una caída del 5% en el número de niños nacidos en el país, según informó el Instituto Nacional de Estadística (INE).

La reducción progresiva del número de mujeres en edad fértil y una fecundidad menor son las causas de esa bajada en los nacimientos. El número medio de hijos por mujer en el país fue el año pasado de 1.40, frente al 1.46 de un año antes, según refleja la encuesta Movimiento Natural de la Población difundida por el INE.

El indicador de fecundidad descendió, tanto entre las españolas como entre las extranjeras, que bajaron un 6% y supusieron el 20.6% de todos los registrados.

Como consecuencia del freno en la natalidad se redujo el crecimiento natural de la población. Así, la diferencia entre el número de nacimientos y el de defunciones fue de 109 mil 445 personas, una cifra “sensiblemente inferior a la observada en 2008”, cuando el país registró el mayor crecimiento vegetativo desde 1985.

En España se celebraron también menos matrimonios en 2009, 10.8% menos que un año antes. El número de matrimonios entre personas del mismo sexo fue de 218, más que en 2008.
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