La comunisuación tiene muchas aplicaciones, y resulta de gran beneficio para quienes deseen influir en los demás. Los resultados son sorprendentes cuando es debidamente manejada por educadores, padres de familia, guías espirituales, o líderes políticos. La comunisuación requiere una persona, o ‘agente de ventas’, de primera categoría cuyo requisito indispensable es que sea dueña de un profundo deseo de conquistar a los demás y conservar su afecto. Que posea una gran energía, confianza en sí misma y, sobre todo, que sea constante. Alguien que practique la empatía, y una fuerte determinación de vencer obstáculos. Esto significa que sea capaz de ponerse en los zapatos del otro y sienta como él.
Un comunicador persuasivo crea una estructura cognoscitiva: Nutre con ideas, opiniones y datos a las personas en quienes desea influir. Tiene especial cuidado en escoger el lugar, el tiempo y la manera adecuada. Debe inspirar confianza y cercanía, ser auténtico, y dedicar tiempo, esfuerzo y paciencia para efectuar la venta o sea, ‘vender la idea’.
El Mal en nuestros días nos lleva la delantera: Ha utilizado los medios de comunicación para vender sus ideas disfrazado de bien. En forma seductora y alucinante, vestido de bien utiliza toda la creatividad de la era tecnológica para promocionar su agenda: ‘Vivir los placeres al máximo sin importar las consecuencias: Primero yo y después yo, nadie más’. Ausencia total de responsabilidad, vivir sólo el momento, hábil para vender los ‘valores’ que inclusive amenazan nuestra permanencia sobre el planeta.
¿Y el Bien? No ha aprendido aún a promocionarse debidamente en los medios de comunicación, en películas, canciones, libros, obras de teatro, grupos sociales. Está todavía en pañales. Le falta aprender a promocionar los verdaderos valores para que millones de personas se enamoren del bien y deseen vivir de otra manera.
Cuando la comunisuación se aplica a la enseñanza, logra influir en los educandos de tal manera que aprenden a gozar el acto mismo de estudiar, y lo convierten en fuente inagotable de satisfacción y crecimiento. La clave está en descubrir una forma innovadora y una presentación atractiva de cómo el bien influye poderosamente en el progreso de los pueblos y mejora al cien por ciento la calidad de vida de sus habitantes.
Cuando se piensa que el estudio es en sí mismo desagradable, recurrimos a la trillada Motivación por Empujón, que consiste en otorgar premios o medallas para mitigar lo desagradable del estudio, y someter a los educandos a castigos cuando no se obtienen los resultados deseados. Cuando se aplica la Teoría del Empujón se considera a la persona mediocre, con poca voluntad, bajo grado de imaginación, ingenio y capacidad creadora. Y se recurre al control externo: La amenaza y el castigo son considerados los medios más eficaces para encauzar el esfuerzo humano.
Acostumbramos presentar el Bien (en este caso el estudio) en forma poco atractiva. Sin embargo, cuando pensamos que el ser humano anhela ser libre y responsable y que es capaz de dirigirse y controlarse a sí mismo, partimos de una suposición positiva y actuamos de tal manera que encontramos formas para que el educando se interese y sea motivado por la tarea. ¿De qué sirve la tecnología más avanzada, la metodología ultramoderna, si la persona no quiere aprender? ‘De nada sirve llevar al caballo al río si ése no quiere beber’.
Cuando educadores y padres de familia nos comprometamos en nuestra vida diaria a practicar la comunisuación, y sepamos ‘vender’ el bien en forma atractiva y fascinante, habremos encontrado la llave para crear un país nuevo para todos y millones de familias felices. Pero, ¿cómo presentar el bien en forma atractiva? Cada quien buscará la manera echando a volar su imaginación y su individualidad. ¡Buena suerte!
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