Así como inició la pasada administración emanada del Partido Acción Nacional, con negros nubarrones y fuertes tolvaneras, de esa forma terminó al desatarse una intensa lucha por el poder en donde el más perjudicado fue el pueblo cuatro cieneguense, pues mientras unos jugaban a ser honestos otros hacían todo lo contrario.

Comentaba en la columna anterior que la desesperación había hecho crisis en varias personas que esperaban ser llamados al equipo para cuidarle la espalda a Sergio Carielo Luna, pero éste no acertaba a meterlos o bien optar por integrar el grupo con foráneos, como intentó en un principio Flores Sosa, quien finalmente logró colar a dos de los suyos.

Pero Héctor José Cobas Álvarez, que tal parece tenía bola de cristal, veía venir el vendaval político que luego se desencadenaría y luego de finalizar el trienio dejaba muy mal parado al PAN en la tierra de Carranza, tan mal que en las pasadas elecciones municipales, el blanquiazul de la primera posición cayó a la tercera, siendo superado por el PRI y PRD.

Javier Hernández Sánchez tenía la chamba asegurada, pero se había infiltrado con los no panistas para mantener informado a Carielo, pues tampoco comulgaba con los blanquiazules de hueso colorado. De tal forma que se les aconsejó dejar llegar los acontecimientos y ver cuál era el comportamiento de los regidores.

Trascendiendo que Antonio Palacios Villarreal había comenzado a cabildear, incluso se rumoró de un encuentro con el síndico Cobas Álvarez, en un intento por conseguir su aprobación y en un principio se vislumbró cierta empatía entre ambos, luego el distanciamiento se hizo más lejano, llegando incluso a los insultos y retos a golpes.

El ayuntamiento panista estaba integrado por: Sergio Carielo Luna, maestra Beatriz Fernández Vergara (finada), licenciada María Olivia Ibarra Gaytán, licenciado Carlos Guzmán Flores, Félix Lumbreras Ríos, Héctor José Cobas Álvarez, Juan Torres García, Elvia Cantú Garza, y Pedro Arturo Garza Martínez, los tres últimos emanados del PRI, que habían aparecido en la planilla perdedora y recomendados en una contienda interna.

El entonces secretario del ayuntamiento, ingeniero Alfonso González Felán, desconociendo que le iban a meter zancadilla, convocó a junta de Cabildo en la segunda semana de enero del 2003 a las 15:00 horas, donde los puntos primordiales serían la repartición de cargos, aún cuando el edil priísta Juan Torres pidió que se respetaran los ya tomados.

Por lo pronto, la primera cabeza en caer fue la de Poncho González Felán, siendo designado secretario particular del Alcalde, con seis votos a favor y tres en contra, mientras el profesor Daniel de Jesús Moreno González, asumía la secretaría del ayuntamiento en similar número de votos, mientras que el licenciado Palacios Villarreal, consumía sus uñas, para conocer el resultado de la propuesta como jefe policiaco.

Así continuaron las designaciones de directivos en Educación, Cultura, Deporte, Ecología, Desarrollo Rural, Rastro Municipal. Recursos Humanos y se ratificaban los nombramientos en Obras Públicas y Tesorería, a parte se aprobó un cargo a José Juan Ornelas Ramírez, como director de control vehicular, pero luego se comprobó que había sido alterado.

También se procedió a tomar la votación para designar al Director de Protección y Vialidad Ciudadana, resultando cuatro votos a favor y cuatro votos en contra, así como una abstención, por lo que el Presidente Municipal, haciendo valer el voto de calidad, decidió su aprobación y luego de repartirse los cargos se desencadenó la tormenta al renunciar Poncho González Felán y así sucesivamente hasta terminar muy pocos.
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