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23 Julio 2012 03:00:24
Con o sin la izquierda
Por: Ezra Shabot

De aquí y hasta el 1 de diciembre, la izquierda mexicana marchará al ritmo que le marque López Obrador. Sus detractores que desde Nueva Izquierda le quitaron la dirección del partido en 2008, y que con Marcelo Ebrard a la cabeza le disputaron sin éxito la candidatura presidencial, hoy como en 2006 se alinean con el tabasqueño en su discurso descalificador del proceso electoral, o guardan silencio a la espera de que AMLO tome la decisión de mandar al diablo al Tribunal Electoral, una vez que éste califique el proceso electoral en su conjunto, y llame a la resistencia civil pacífica contra el nuevo “presidente espurio” Enrique Peña Nieto.

Es lamentable ver a una izquierda que durante su periodo de independencia frente al caudillo iluminado es capaz de razonar y postular principios propios de un incipiente proyecto socialdemócrata, pero una vez que el apóstol entra en acción electoral la apertura, el diálogo y la tolerancia desaparecen. Cuando los denominados “demócratas de izquierda” argumentan acerca de: elecciones manipuladas por los medios, encuestadoras que en su error de medición impulsaron a los ciudadanos a elegir la opción incorrecta, y quizá lo peor, cuando mantienen un silencio cómplice ante expresiones racistas, xenófobas y antisemitas, es entonces cuando parece que una vez más hemos perdido a la izquierda como alternativa política y ciudadana.

La proliferación en redes sociales y en espacios propios del proyecto lopezobradorista de acusaciones cargadas de odio hacia periodistas no identificados con su causa, es verdaderamente alarmante.

Desde llamados a silenciarlos y sacarlos de los medios, hasta la difusión vía Twitter de la propaganda nazi que enorgullecería a Goebbels como aquella donde se expresa que “los Zuckerman, Micha, Shabot, y Krauze, así como el resto de la basura judeo-sionista que envenena la conciencia del pueblo mexicano deben desaparecer”, son una muestra del grado de descomposición en el que este lumpen de la izquierda se encuentra y que daña antes que a nadie a sus propios patrocinadores.

Para muchos de los hoy compañeros de viaje de Andrés Manuel y que guardan un silencio cómplice frente a estas agresiones infames, como los son los Navarrete, Zambrano, Ortega y el propio Ebrard, este es el momento de las definiciones claras para decir claramente en dónde están ubicados: del lado del caudillo infalible y mesiánico, o de la izquierda democrática que en otro momento dijeron defender incluso en contra del propio López Obrador. Hay líneas que simplemente por cruzarlas te ponen del lado de la sinrazón y donde es prácticamente imposible rectificar, porque al hacerlo el daño está hecho y es ya demasiado tarde para repararlo.

Nadie ignora que en la democracia mexicana la compra de votos existe, ni siquiera los propios grupos clientelares perredistas que ocuparon muchos espacios abandonados por el PRI en la capital del país y en otros lugares. Nadie desconoce la campaña de Peña Nieto en televisión durante su gestión como gobernador mexiquense, así como tampoco es posible cerrar los ojos ante la promoción electoral de AMLO durante los años de funcionamiento de Morena como movimiento electoral de masas. La ley electoral de 2007, sobrerreglamentada, y al mismo tiempo carente de mecanismos de control efectivos para supervisar la utilización de recursos ilícitos, permitieron estos excesos.

Son las reglas del juego con las que aceptaron competir y que hoy como en 2006 desconocen. Este es el momento de discutir el país que queremos para los próximos seis años. Si la izquierda quiere ser parte del proceso bienvenida, pero si insiste en jugar a sus encuentros y desencuentros con la sinrazón, habrá que optar por decidir sin ella, hasta en tanto recupere el principio de realidad, si es que en algún momento lo hace. Los Ebrard, Navarrete, Zambrano y Ortega, entre otros, tienen en sus manos la posibilidad de este gran cambio.
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