Una lectora amablemente nos comparte su reto personal: “Has hablado de la importancia de hacer lo que te gusta, de encontrar tu pasión en la vida y enfocarte en ello para desarrollarte. A mis 29 años siento que no he estado haciendo todo cuanto me gusta hacer (lo peor es que no sé ni que me gusta) y no me siento del todo realizada; he leído algunos libros esperando encontrar un norte, pero créeme es dificilísimo encontrar cual es tu ‘misión en la vida’... Francamente tengo meses que siento que me hace falta algo en la vida, no sé que es.”

“Tenemos miedo de perder la seguridad de nuestro trabajo por la serie de compromisos que traemos a ‘cuestas’ y nos damos cuenta que ya no podemos salir de ahí en pocas palabras, no podemos darnos el lujo de arriesgarnos a perder lo que tenemos, sin embargo, estoy consciente que esto me ha hecho perder un poco el sentido de propósito... ¿por qué no logro sentir esa satisfacción que antes movía mi vida?, ¿qué hacer para recuperar mi entusiasmo por hacer cosas que ni yo misma pensaba que podía lograr?

Y pregunta: “¿Qué puedo hacer para encontrar mi misión, para sentirme realizada y feliz?”.

La situación que con valor expone nuestra lectora representa una situación sorprendemente generalizada que tiene sus orígenes en los mensajes encontrados que hemos recibido desde pequeños.

Por un lado está la necesidad de encontrar un trabajo que sea fuente de sustento. Por otro lado están las aspiraciones proyectadas de la familia, incluyendo nuestros padres y familia extendida: “debes ser esto o aquello, porque es la profesión que más te conviene...”, con palabras más o menos.

Luego existe la presión social a seguir el camino aceptable trazado por la sociedad en conjunto, ya sean nuestros compañeros de escuela, lo que vemos en nuestro entorno inmediato, el “status quo” y la suma de mensajes de lo que “está bien” y lo que “no está bien”.

Al final de todo esto, muchas veces enterramos la pregunta: ¿qué es lo que yo realmente quiero?

En el fondo de encontrar nuestro propósito o misión de vida hay algo importantísimo. Y es que no hay que quebrarse la cabeza ni torturarse para encontrarlo. Esta misión de vida es lo más natural, es algo que lejos de ser una razón para preocuparse, es fuente de mucha tranquilidad. Por eso, primero hay que quitarse la carga de: “tengo que encontrar mi propósito”. El propósito no es un deber, no es una orden, no es una imposición; el propósito es una fuente de verdadera libertad, de verdadero poder. Te hace sentir emocionado(a), ilusionado(a), precisamente porque te da un propósito que para ti es valioso. Estreso “ti” porque el propósito es personal e intransferible, esa es la primera condición y requisito indispensable. Si no es tuyo, entonces deja de ser tu propósito para convertirse en una “buena idea”, una meta prestada, la idea de otros y no ayuda a encontrar un trabajo con sentido.

(Continúa mañana...) de encontrar tu pasión en la vida y enfocarte en ello para desarrollarte. A mis 29 años siento que no he estado haciendo todo cuanto me gusta hacer (lo peor es que no sé ni que me gusta) y no me siento del todo realizada; he leído algunos libros esperando encontrar un norte, pero créeme es dificilísimo encontrar cual es tu ‘misión en la vida’... Francamente tengo meses que siento que me hace falta algo en la vida, no sé que es.”

“Tenemos miedo de perder la seguridad de nuestro trabajo por la serie de compromisos que traemos a ‘cuestas’ y nos damos cuenta que ya no podemos salir de ahí en pocas palabras, no podemos darnos el lujo de arriesgarnos a perder lo que tenemos, sin embargo, estoy consciente que esto me ha hecho perder un poco el sentido de propósito... ¿por qué no logro sentir esa satisfacción que antes movía mi vida?, ¿qué hacer para recuperar mi entusiasmo por hacer cosas que ni yo misma pensaba que podía lograr?

Y pregunta: “¿Qué puedo hacer para encontrar mi misión, para sentirme realizada y feliz?”.

La situación que con valor expone nuestra lectora representa una situación sorprendemente generalizada que tiene sus orígenes en los mensajes encontrados que hemos recibido desde pequeños.

Por un lado está la necesidad de encontrar un trabajo que sea fuente de sustento. Por otro lado están las aspiraciones proyectadas de la familia, incluyendo nuestros padres y familia extendida: “debes ser esto o aquello, porque es la profesión que más te conviene...”, con palabras más o menos.

Luego existe la presión social a seguir el camino aceptable trazado por la sociedad en conjunto, ya sean nuestros compañeros de escuela, lo que vemos en nuestro entorno inmediato, el “status quo” y la suma de mensajes de lo que “está bien” y lo que “no está bien”.

Al final de todo esto, muchas veces enterramos la pregunta: ¿qué es lo que yo realmente quiero?

En el fondo de encontrar nuestro propósito o misión de vida hay algo importantísimo. Y es que no hay que quebrarse la cabeza ni torturarse para encontrarlo. Esta misión de vida es lo más natural, es algo que lejos de ser una razón para preocuparse, es fuente de mucha tranquilidad. Por eso, primero hay que quitarse la carga de: “tengo que encontrar mi propósito”. El propósito no es un deber, no es una orden, no es una imposición; el propósito es una fuente de verdadera libertad, de verdadero poder. Te hace sentir emocionado(a), ilusionado(a), precisamente porque te da un propósito que para ti es valioso. Estreso “ti” porque el propósito es personal e intransferible, esa es la primera condición y requisito indispensable. Si no es tuyo, entonces deja de ser tu propósito para convertirse en una “buena idea”, una meta prestada, la idea de otros y no ayuda a encontrar un trabajo con sentido.

(Continúa mañana...)
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